Beso Robado
La tarde caía sin prisa y, por primera vez en mucho tiempo, el silencio de la casa no traía alivio. Silvana había sostenido demasiado, durante demasiados años, y el cansancio ya no sabía cómo nombrarse. Cuando Julia cruzó la puerta y la abrazó sin preguntas, algo se rompió. No fue solo el llanto. Fue la certeza de haber estado apagada durante demasiado tiempo y el peligroso deseo de volver a encenderse, aunque no supiera todavía a qué precio.










