Cuando hay niños en casa

Cuando hay niños en casa

Cuando hay niños en casa

No podemos negar que cuando hay niños en casa la vida no es lo que era. Una pareja que decide tener un hijo, si lo decide luego de algunos años de convivencia, van a notar aún más este cambio. Lo cierto es que aquellas cosas a las que estábamos acostumbrados comienzan a ser observadas permanentemente, por esos pequeños ojitos que descubren el mundo poco a poco.

Los niños aprenden de lo que ven, hemos hablado de esto en otros espacios, y como papás estamos obligados a mostrarles el mundo, y en esto siempre vamos a pretender que sea la mejor parte de ese mundo. El problema es que tener un niño en casa plantea nuevos desafíos y con frecuencia estos desafíos ponen a prueba nuestra paciencia. 

Cabe recordar que las formas en las cuales abordamos cada una de estas situaciones dejarán una impronta en nuestros hijos. No estamos diciendo que no podemos enojarnos, o sentirnos tristes, o expresarles que ciertas conductas nos molestan. El punto es hacerlo de la manera adecuada, no sólo para corregir ciertos comportamientos del niño,  sino también para enseñarle la forma adecuada de gestionar sus emociones.

Si, todo suena muy lindo pero cuando llegamos cansados del trabajo y lo único que queremos es un poco de tranquilidad con nuestro hijo, y resulta que el niño está absolutamente desbordado de energía, de gritos y ruidos, de ganas de hacer cosas, o de destrozarlas, recordar todo esto puede complicarse un poco. Por todo esto, vamos a compartir con todos los lectores, algunos consejos para afrontar los desafíos más comunes que podemos encontrarnos cuando tenemos un niño en casa, así, de esa manera estaremos preparados para que, llegado el momento, podamos dar la respuesta adecuada, y mostrarle al niño esa mejor parte del mundo y en especial de nosotros.

Rabietas

Uno de los desafíos más grandes es el de las rabietas y crisis nerviosas. Estos suelen ser momentos muy temidos por muchos padres, porque no saben cómo actuar frente al niño. Vamos a  marcar una diferencia entre la rabieta, el berrinche, el capricho, que son esos momentos en que el niño se exalta, pero aún conserva el control de sus acciones, de su comportamiento, es capaz de escuchar y por lo general cuando uno no le presta atención, estas crisis suelen terminar de la misma forma que empezaron, por sí solas; Y por otro lado, y con un grado un poco más importante de gravedad, están las crisis nerviosas en las cuales el niño pierde totalmente el control de su comportamiento,  y no hay nada que los padres puedan decir para calmarlo,  porque no hay escucha por parte del niño, Estos tipos de crisis sólo terminan con el agotamiento del niño, O en el mejor de los casos Cuando  los padres encuentran la forma de calmarlo

El periodo de estas rabietas suele comenzar a partir de los dos años, y los profesionales recomiendan a los papás aprender a detectar los desencadenantes. ¿Qué significa esto? Como vimos en otros espacios las emociones se disparan a partir de estímulos, aprendiendo a detectar los estímulos que desencadenan cierta emoción podemos aprender a regularla, estando preparados para ello. Con el caso de las rabietas parece suceder exactamente lo mismo, por lo tanto, aprendiendo a detectar los desencadenantes de estos berrinches en nuestros niños, vamos a poder anticiparnos, ya sea para prevenir el desencadenamiento, o bien, nos va a permitir tener las herramientas necesarias para brindar una respuesta adecuada.

Separación

Otro de los grandes desafíos que enfrentan muchos padres es el de la separación,  quizás esto le toca más a las mamás que trabajan, aunque no exclusivamente. Se trata de ese momento en el que los padres por alguna razón tienen que separarse del niño, y el pequeño muestra de maneras desgarradoras, su voluntad de que se quede.

Para muchos papás  esta situación es extremadamente dolorosa, Las lágrimas, el llanto, las súplicas, tener que abrirle las manitos para poder soltarse, marcan a los padres profundamente, dejándolos con un pesado sentimiento de culpa, y la certeza de que son malos padres.

El niño crece, en el mejor de los casos, en un vínculo de apego seguro que le garantiza que ese papá y esa mamá están para cubrir todas sus necesidades. Por lo tanto es natural que el niño sienta miedo cuando estas figuras, tan relevantes en su vida, no están cerca, o de pronto desaparecen de su vista. Es importante que los niños comprendan que aún si mamá o papá tienen que irse van a volver. Para lograr esto, es recomendable que trabajemos en ausencias mínimas desde el primer momento. Poder ir al baño sin el niño, poder ir de una habitación a la otra sin que esto conlleve una crisis de ansiedad en el pequeño. 

Claro que en el caso de las ausencias más largas lo mejor es anticiparnos. Si sabemos que en unos días vamos a tener que ausentarnos, entonces vayamos preparando al niño. Le vamos a decir las cosas que podrá hacer con la abuela, o con la niñera. Le vamos a decir cuánto tiempo realmente nos ausentaremos, usando referencias que el niño comprenda, por ejemplo, “cuando termine tal programa yo voy a estar en casa” o bien “cuando te despiertes de la siesta voy a estar en casa” y es muy importante que cumplamos con nuestra palabra. Para que el niño pueda construir la confianza necesaria para afrontar ese período de ausencia. Otra buena estrategia es practicar la separación, es decir ausentarse por períodos cortos que le hagan sentir al niño que la ausencia no es algo permanente, ni tan terrible. 

Si bien no son los únicos desafíos que podemos afrontar cuando tenemos niños en casa, son los más comunes y los que promueven más consultas. Los niños no son iguales, los padres tampoco, y las configuraciones familiares mucho menos. Por lo tanto siempre estaremos enfrentando desafíos particulares, para los cuales tendremos que emplear estrategias particulares. Como siempre decimos, los hijos no vienen con un manual que nos indique cómo hacer las cosas, y es natural que con frecuencia nos sintamos algo perdidos o superados. Por lo tanto, y siempre pensando en el bienestar de nuestros niños, recomendamos consultar con algún profesional que nos guíe adecuadamente para superar esos desafíos que los pequeños nos proponen de vez en cuando.





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