El cuenco agitado

El cuenco agitado

El cuenco agitado

Un hombre llamado Daichi subió a la montaña para ver al Maestro Kensho. Llegó exhausto, con el ceño fruncido y el alma revuelta por la angustia.

—Maestro, no encuentro la felicidad en mi relación de pareja. Siento un vacío constante, una insatisfacción que me persigue y que nada parece llenar. No sé qué hacer.

Kensho, con una serenidad que contrastaba con la agitación de Daichi, lo invitó a sentarse junto al viejo estanque del templo. El agua estaba quieta, transparente, reflejando el cielo sin una sola onda.

—Observa —dijo el maestro, tomando un sencillo cuenco de madera—. Este eres tú, y esta agua es tu mundo interior.

Daichi observó el cuenco sin comprender del todo. Kensho lo sumergió en el estanque y lo retiró lleno de agua cristalina. Luego, con un movimiento deliberado, lo agitó apenas con la punta de los dedos. El agua se volvió turbia al instante.

—¿Qué ha cambiado? —preguntó Kensho con suavidad.

—El agua se ha enturbiado. Ya no puedo ver el fondo ni el reflejo del cielo.

—Exacto —dijo el maestro con una leve sonrisa—. Agitaste el cuenco, pero tu mente culpó al agua por la falta de claridad.

Daichi apretó los labios, meditando la analogía.

—Cuando buscas que tu pareja calme la tormenta que se mueve dentro de ti, no haces más que exigirle que sostenga un temblor que no le pertenece. La insatisfacción no nace del otro; nace de la agitación interna que uno se niega a mirar y a calmar.

El viento sopló suave sobre el estanque, y el agua quieta permaneció impasible.

—Cuando tú logres la quietud, lo que veas a tu alrededor también se aclarará. No busques una pareja perfecta que te complete; procura cultivar un corazón estable y sereno. Solo desde esa paz interior, todo lo demás en tus relaciones y en tu vida encontrará su armonía natural.

Enseñanza Constructiva:

La paz que anhelamos en nuestras relaciones es el reflejo de la serenidad que construimos en nuestro interior. Quien espera que el otro apacigüe su alma, se condena a la turbiedad y a la decepción. La plenitud nace en uno mismo; solo entonces puede compartirse y expandirse al vínculo de manera constructiva.

Benicio
Últimas entradas de Benicio (ver todo)

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *



Descubre más desde Afectos

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo

Afectos
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.