Sobre las Emociones

Sobre las Emociones

Sobre las Emociones

Entonces la tierra se estremeció y tembló; 
los cimientos de los montes temblaron y fueron sacudidos, 
porque El se indignó. 

(Salmos 18:7)

“Soy un manojo de nervios” , “Estoy que me lleva el diablo”, “Tengo un nudo en la garganta”, Son algunas de las expresiones con las que a veces nos encontramos ya sea en nosotros mismos o en nuestros allegados. Son expresiones que manifiestan la forma tan intensa en que las emociones nos afectan. Son esos momentos en los que la tierra se estremece y tiembla, los cimientos de los montes tiemblan, pero todo eso dentro de uno mismo.

Las emociones son sentimientos que surgen dentro de cada uno en el encuentro con determinados estímulos reales o imaginarios, y dependiendo de qué tipo de emoción se trate, pueden estar acompañadas de alguna reacción fisiológica y de una alteración o manifestación en la conducta. 

Por lo general se habla de dos tipos de emociones: por un lado, las emociones básicas o primarias, que serían innatas, es decir que todos naceríamos con este tipo de emociones; y por otro lado, las emociones secundarias que serían derivadas de las primarias. Las primeras, son aquellas emociones, que están asociadas con la supervivencia, con la preservación de la especie y según el psicólogo Paul Ekman serían las siguientes: tristeza, felicidad, miedo, sorpresa, asco e ira. Estas emociones son las que nos permiten el acercamiento a los otros pero no tienen que ver con lo cultural sino que son inherentes del ser humano. Las emociones secundarias, en cambio, derivan de las anteriores y surgirían a partir del encuentro con los otros, están formadas por la combinación de dos o más emociones primarias y algunas de las emociones secundarias que podemos encontrar son: la culpa, la vergüenza, el orgullo, los celos, el placer, el aburrimiento, el bochorno, la envidia, la diversión, entre muchas otras. 

Algo qué diferencia particularmente a estos dos tipos de emociones es que, en el caso de las emociones básicas, éstas se manifiestan en el rostro. El sentir miedo, sentir sorpresa, sentir felicidad, se manifiesta en el rostro. No obstante, hay culturas en las que se aprende a controlar ese tipo de manifestación. En cuanto a las emociones secundarias, éstas muchas veces pasan inadvertidas y no siempre se encuentran en todas las personas.

Ekman sostiene que las emociones por lo general tienden a sernos beneficiosas, ya que nos permiten, por ejemplo, el intercambio con los otros. También nos resultan de ayuda en momentos críticos, como en el caso del miedo ante el peligro. Sin embargo, hay momentos en que estas emociones también nos resultan bastante conflictivas. Ekman nos va a hablar de las reacciones inadecuadas y nos va a plantear tres motivos diferentes por las cuales nuestras reacciones pueden ser inadecuadas. En primer lugar, tenemos el caso en que se siente y se muestra la emoción adecuada pero con una intensidad equivocada. Por ejemplo, cuando ante una negligencia del conductor que va en el carril de junto, se produce el roce de su auto con el nuestro, la ira sería adecuada, mostrarnos enojados, sería acertado, pero descender del auto con un mazo y destrozar el auto del otro sujeto, es una intensidad inadecuada. En segundo lugar, sentimos la emoción correcta pero la mostramos de manera errónea. Por ejemplo, estamos en un funeral tristes por la pérdida de nuestro ser querido, la emoción es la correcta, pero si sonreímos o incluso reímos, la estaríamos manifestando de manera errónea. Por último, el tercer motivo, que para Ekman es el peor de los tres, sería cuando la emoción que sentimos es la incorrecta. Un ejemplo muy común de este tipo de reacción inadecuada pueden ser el sentir celos cuando no hay una razón para sentirlos.

Cuando surge la emoción, en esos primeros instantes inconscientemente ya estamos listos para reaccionar y sin pensar decimos o actuamos en función de la emoción que acaba de activarse. Esto nos lleva a pensar que no podemos ser responsables de nuestras emociones, de lo que sentimos, puesto que no podemos pensarlo de antemano, o decidir si sentirlo o no. Pero sí seríamos responsables de lo que hacemos con eso que estamos sintiendo. Para esto resulta indispensable aprender a conocernos y detectar cuáles son los desencadenantes que con más frecuencia disparan determinada emoción, así como aquellas manifestaciones fisiológicas que se activan en nosotros a partir de determinada emoción. Esto nos permitiría identificar conscientemente estas señales para anticipar nuestras reacciones y poder racionalizarlas antes de entrar en conflicto. 

Cabe agregar que no todos experimentamos las mismas emociones de la misma manera. Un determinado suceso no va a disparar la misma emoción para todos. No todos manifiestan las emociones de la misma forma, ni con la misma intensidad. Por lo tanto es necesario conocernos a nosotros mismos, comprendernos y aprender a gestionar nuestras emociones para que estas nos resulten más beneficiosas que conflictivas.

Referencias

Ekman, P. : 2003 El rostro de las emociones  Edición digital: RBA Libros, S.A., 2017

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