Lo que no se dice
Extraído del libro: Faros en la Niebla
de Benicio de Seeonee
No fue un gran momento ni una escena digna de recuerdo inmediato. Ocurrió una tarde común, de esas que no prometen nada y por eso mismo se vuelven peligrosas. Estábamos sentados en la cocina de su departamento, con la ventana abierta y el ruido lejano de la calle entrando entremezclado con la brisa. El mate se había lavado hacía rato, pero seguíamos cebando por pura inercia. Hablábamos de cosas pequeñas, desordenadas, como si estuviéramos rellenando un espacio que ninguno quería nombrar.
Yo sabía —con una certeza incómoda— que algo estaba por pasar. Ella no dijo nada, ni siquiera lo insinuaba, pero todos los gestos eran evidentes, por lo menos para mi. Pude sentir esa tensión leve que se instala cuando dos personas dejan de hablar de lo que dicen y empiezan a escuchar lo que no se dice. Cada tanto levantaba la vista y la encontraba mirándome. Esa mirada era lo que más me desarmaba.
Pensé varias veces en acercarme. Ensayé el movimiento en la cabeza con una precisión ridícula: dejar el mate, girar apenas el cuerpo, decir algo que no sonara impostado. El problema no era el miedo al rechazo. Era algo más incómodo: el miedo a alterar el equilibrio, a romper ese orden frágil que habíamos construido sin darnos cuenta. No quería ser torpe. No quería ser exagerado. No quería equivocarme. Así que no hice nada.
Ella cruzó las piernas, se acomodó el pelo detrás de la oreja y suspiró, como quien se prepara para aceptar una decisión que no tomó. Yo interpreté ese gesto como una señal ambigua y, fiel a mi estilo, decidí leerlo del modo más conservador posible. Seguimos hablando. El mate pasó de mano en mano. El día avanzó hasta el ocaso y luego de mirar por la ventana las primeras estrellas, suspiré.
Cuando se levantó para buscar algo en la habitación contigua, pensé que ese era el momento. Me puse de pie, di dos pasos, me detuve. La vi volver con mi campera en la mano. Dijo que se hacía tarde. Asentí demasiado rápido. Me acompañó hasta la puerta. Nos abrazamos con la corrección de dos personas que se respetan más de lo que se desean, o al menos eso quise creer. Salí y ella cerró la puerta. Me quedé en el pasillo unos segundos, mi mundo quedó en silencio.
Esa noche dormí mal, como tantas otras veces. Me faltaba algo, eso que debí haber buscado. Lo que debí haber dicho, lo que tendría que haber hecho. Me faltaba eso y me faltaba todo. El sueño, la paz, ese beso, ella.
Al día siguiente seguí con mi rutina. Pero algo había cambiado de manera persistente. Cada tanto, en medio de cualquier otra escena, esa tarde volvía como una especie de cuenta pendiente. Al principio pensé que era arrepentimiento por mi falta de valentía, , pero luego me di cuenta de que tal vez solo fue exceso de cálculo. Me convencí de que ese no era el momento. Eso me dio un poco de tranquilidad, pero esa falta aún persistía, aunque algo más acallada.
Años después, la crucé de nuevo. Ya habíamos terminado la carrera y cada uno tenía su vida encaminada. Sin embargo, tenerla frente fue un viaje al pasado, a ese día. A esa tarde. Incluso aquellos ruidos lejanos que se colaban por la ventana me envolvieron una vez más.
El pulso latía en pasado, al igual que mi corazón. Ella sonreía en presente, se acercó a mí en presente. Me miró en presente movilizando todo ese bagaje de emociones y sentimientos que pensé que habían quedado en el pasado.
En presente me incliné y la besé. Fue algo tierno, suave, como debió haber sido aquella vez. Me aparté apenas y la miré y ambos nos echamos a reír sin soltarnos
—Fue igual que aquella vez —dijo ella un rato después.
—Sí — le respondí—, pero no.
© 2021–2026 Benicio de Seeonee —
Esta obra está protegida bajo una licencia Creative Commons Atribución–NoComercial–SinDerivadas 4.0 Internacional.
Únete a la comunidad de Afectos.org
Si estos contenidos te acompañan, puedes unirte a nuestra comunidad para recibir nuevos textos, reflexiones y materiales que seguimos creando cada semana.
- Lo que no se dice - agosto 14, 2026
- La voz heredada de Benicio de Seeonee - agosto 13, 2026
- El cansancio de fingir estar bien - agosto 12, 2026

