Sobre Padres e hijos: Niños caprichosos

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Sobre Padres e hijos: Niños caprichosos

Con frecuencia, los adultos nos damos cuenta que la mayor traba que encontramos en tareas como crianza, educación, terapia, etc., consiste en la respuesta caprichosa de los niños. Esta tenacidad, que pone a prueba nuestra paciencia, suele conducirnos a respuestas de tipo arbitrarias o permisivas, es decir, que o nos imponemos o simplemente cedemos y no insistimos más.

Ya sea para guardar la ropa, acomodar los juguetes, bañarse, hacer sus tareas escolares, o comer, con algunos niños es posible encontrar actitudes de rebeldía que en muchos casos parecen llevar a una contienda padre-hijo absolutamente innecesaria.

Desde la psicología de la conducta nos llegan algunas teorías vinculadas al condicionamiento operante, que podrían proporcionar ciertas herramientas útiles en las situaciones que estamos describiendo. En esta ocasión, vamos a abordar una de ellas que es el principio de Premack, pero comencemos por el principio. 

El condicionamiento de la conducta, es una forma de aprendizaje en la cual se asocian dos eventos, y uno de los ejemplos más reconocidos de esta forma de aprendizaje es el del perro de Pavlov. Pavlov observó que el perro salivaba frente a la comida; comenzó entonces a hacer sonar una campana antes de traer la comida. Luego, el perro comenzaba a salivar al oír la campana. El sonido de la campana fue asociado a la comida y la respuesta del perro era la salivación porque ya podría anticipar la llegada de la comida tan solo oyendo la campana.

Este es un ejemplo de condicionamiento clásico en el que se asocian dos estímulos (campana y comida), pero entonces ¿qué es el condicionamiento operante? Bien, este tipo de aprendizaje es también asociativo, pero en este caso se asocia una conducta con su consecuencia. Si pensamos que las consecuencias pueden ser positivas o negativas, podríamos decir que existen más probabilidades de repetir una conducta cuyas consecuencias han sido positivas, que una cuyas consecuencias han sido negativas. De esta forma, las consecuencias actuarían como refuerzo, y son útiles tanto para promover conductas poco frecuentes, o la adquisición de una nueva conducta; así también como para remover conductas indeseables.

Pero para ésto vamos a hacer uso del Principio de Premack como herramienta. Premack fue un psicólogo norteamericano que estudió el condicionamiento operante y sostuvo que si dos eventos están asociados, el que tiene más probabilidades de ocurrir refuerza de manera positiva, al que tiene menos probabilidades de ocurrir.

Pongamos un ejemplo: un niño suele jugar por las tardes a la pelota en lugar de hacer sus tareas escolares. La conducta con más probabilidades de ocurrir es “jugar a la pelota” y la que tiene menos probabilidades es “hacer la tarea escolar”. Si lo que se busca es que haga las tareas escolares, la propuesta, según éste principio sería: “si hacés la tarea, vas a jugar a la pelota”. 

Como la decisión recae en el niño, puede pasar que, de todas maneras, decida no hacer la tarea, pero entonces tampoco jugará a la pelota como desea. Puede pasar también que luego de mucho rato de berrinche, decida hacer la tarea, pero entonces le quede poco tiempo para jugar a la pelota, con lo cual la siguiente vez, quizás el berrinche dure menos, para tener más tiempo de jugar. 

Quienes han criado o educado niños, saben que la adquisición de hábitos no es algo que se produzca de la noche a la mañana. Lleva tiempo y dedicación. La adquisición de nuevas conductas o la erradicación de conductas disruptivas, también. Sin embargo, no es algo que no pueda conseguirse desde el amor y la paciencia. Y como siempre decimos, si  la realidad que nos toca afrontar nos resulta desbordante y sentimos que no somos capaces de salir adelante, lo aconsejable es pedir ayuda o asesoramiento profesional. Es importante no olvidar que no caminamos solos, todos estamos aprendiendo.

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Benicio
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