El filo
El hachero empezó con fuerza, orgullo y disciplina. Cada golpe era una afirmación de su valía. Pero con los días, el esfuerzo aumentó y los resultados disminuyeron. Trabajaba más horas, dormía menos y veía el bosque como un enemigo. Algo fallaba, aunque él seguía convencido de que la respuesta estaba en insistir un poco más.










