Lealtad, infidelidad y tentaciones

Lealtad, infidelidad y tentaciones

Lealtad, infidelidad y tentaciones

Cuando pensamos en una pareja,  una de las temáticas que más surgen y que más desencuentros generan es el tema de la fidelidad-infidelidad. Habíamos hablado anteriormente sobre las diferentes formas en que suele concebirse la fidelidad en la pareja.  Puesto que se trata de un constructo cultural, a medida que evoluciona la sociedad, el concepto también varía. A los efectos de poder posicionarnos, volvemos a  definir fidelidad como el cumplimiento de los compromisos establecidos en una relación de pareja

Claro que el cumplimiento de este compromiso parte de la lealtad que uno profese hacia sí mismo y hacia el prójimo. Entonces vamos a definir lealtad como el respeto que uno tiene hacia los propios principios éticos y morales. Podemos entonces sugerir que la diferencia entre lealtad y fidelidad estaría en que la lealtad es hacia uno mismo y hacia el otro mientras que la fidelidad es en el vínculo con el otro.  

Una vez posicionados ya podemos pensar que la condición de fidelidad-infidelidad puede variar entre una pareja y otra. Por lo tanto siempre es necesario dejar en claro cada una de las partes cuál es su perspectiva respecto de la forma de pareja que quieren construir. 

Entonces vamos a partir de un pequeño relato que deambula por la web,  y que nos plantea varias cuestiones: lealtades y deslealtades, confianza y desconfianza, la idea de fidelidad, pero  fundamentalmente, el rol que juegan lo que podemos llamar las tentaciones.

Lealtad, infidelidad y tentaciones

El futuro marido

Mi novia y yo habíamos salido durante más de un año, y decidimos casarnos. Mis padres nos ayudaron en toda forma posible, mis amigos me apoyaban. Y mi novia era un sueño.

Solo había una cosa que me molestaba mucho, y era la mejor amiga de ella. Era inteligente y sexy, y a veces flirteaba conmigo, lo que me consternaba. Un día, la amiga de mi novia me habló por teléfono y me pidió que fuera a su casa a ayudarle con la lista de los invitados a la boda. Así que fui para allá. 

Ella estaba sola, y cuando llegué, me susurró que, ya que me iba a casar con su mejor amiga, y tomando en cuenta que ella tenia ciertos sentimientos y deseos hacia mi persona y que ya no podía aguantar más, ella pensaba que, antes de que me case y comprometa mi vida con su mejor amiga, quería hacer conmigo el amor una sola vez.

Yo estaba totalmente sorprendido, y no pude decir palabra. Ella sonrió provocativa y  me dijo:

– Iré al cuarto, y si tú lo deseas, tanto como yo, entra y me tendrás.

Admiré su maravilloso trasero meciéndose al subir las escaleras. Me levanté del sillón y con la cabeza siendo bombardeada por miles de imágenes a la vez, permanecí así, de pie, por un momento. Cuando pude reaccionar, me di vuelta y fui a la puerta principal, la cual abrí, y salí a la calle. En ese momento lo único que tenía en mi mente era llegar a mi coche. 

Al salir, me detuve en seco. Mi novia estaba allí, sonriendo con lágrimas en sus ojos, me abrazó y me dijo:

– Estoy muy feliz y orgullosa de ti. Has pasado mi pequeña prueba. ¡No podía tener a un mejor hombre como esposo!

Aún confundido por toda la situación, abracé a mi futura esposa, y agradecí el haber dejado mis condones en el coche.

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¿Hubo infidelidad realmente?

Dentro del compromiso en una pareja, sucede con frecuencia que la fidelidad pareciera convertirse en un entramado que abarca absolutamente todo. Siendo motivo de infidelidad determinadas conductas, miradas, pensamientos, fantasías, etc. Entonces podríamos pensar que este muchacho del relato es infiel. 

Sin embargo, técnicamente, no hubo infidelidad. No hubo una traición por parte de este futuro marido. Quizás, si la novia no hubiera estado esperando afuera, o si él hubiera tenido sus condones en  el bolsillo, las cosas hubieran sido diferentes. Entonces, ¿es justo pensar que el chico es infiel? 

La tentación existe

Aquí es donde comienza a intervenir una variable que marca la diferencia entre la lealtad y la fidelidad: la tentación. Ciertamente a lo largo de la vida nos vamos  encontrando con diversas situaciones que nos van poniendo a prueba, podríamos llamarlas tentaciones. Por supuesto, no podemos ser juzgados por las tentaciones a las que somos expuestos. En todo caso lo que toca revisar es cómo actuamos nosotros frente a las tentaciones. 

Una tentación es aquello que pone a prueba nuestra capacidad de decir entre hacer algo que puede ser inmediatamente satisfactorio (pero a la larga dañino o perjudicial) o no hacerlo. Cuando “caemos en la tentación” es cuando vamos por esa satisfacción efímera contra todos los gritos y señales que nuestro intelecto, nuestros principios, nuestros valores y nuestras normas éticas y morales nos brindan. 

Por supuesto, al ser una decisión, el ceder a la tentación es algo voluntario. Podríamos decir entonces que nuestro “futuro marido” ha decidido caer en la tentación en el momento en el que salió hacia el auto. Y fue “salvado” por su futura esposa.

Resistir a las tentaciones requiere una fuerza de voluntad muy sólida, que a veces por las realidades cotidianas, puede verse de alguna manera vulnerada. Podríamos poner por ejemplo un alcohólico que luego de muchos años sobrio y ante la pérdida del empleo se sienta en un bar frente a un vaso de whisky e intenta controlar su deseo de beber, y justo en el momento en el que toma el vaso para llevarlo a su boca, se acerca el mozo o el amigo o su esposa y lo detienen. 

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La conspiración de la futura esposa

Otro punto a analizar, es la actitud de la “futura esposa”. Ella decide exponer a su futuro marido a una tentación para probar su fidelidad. Siguiendo nuestra definición de lealtad, en principio, podríamos plantear que su escala de valores es un tanto cuestionable. Podríamos también sugerir que no hay confianza por parte de ella en ese hombre y que por eso necesita probarlo.  

 Elegir una pareja para compartir el resto de nuestra vida, para caminar juntos, implica necesariamente el respeto del otro y el reconocimiento. Debemos establecer las condiciones de nuestra pareja en el momento en el que la estamos construyendo. Qué queremos y qué no queremos para nosotros. Qué estamos dispuestos a permitir y qué no.  Qué es lo que consideramos fidelidad y qué consideramos infidelidad. 

Además, tenemos que aprender que, para la otra persona, quizás nuestros conceptos no sean iguales. Se trata de dos personas diferentes con vidas y experiencias diferentes, con crianzas diferentes y quizás con modelos de amor diferentes. Es la única forma en la que podremos construir una relación sana con un equilibrio armónico en el que ambas partes se sientan plenas y seguras. 

Elegir una pareja para compartir el resto de nuestra vida no es algo que se haga de una vez y para siempre. Elegimos cada día, con cada mirada, con cada beso, con cada actitud, con cada palabra.

Y además: Claves para que una relación sea exitosa

Se abre el debate:

¿Y tú que opinas al respecto? ¿Hubo infidelidad o traición? ¿Quien traicionó a quien? Espero tu opinión en los comentarios.




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