¿TÚ ME AMAS?

<strong>¿TÚ ME AMAS?</strong>
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¿TÚ ME AMAS?

– ¿Pero tú me amas?— Preguntó Alicia.
– ¡No, no te amo!— Respondió el Conejo Blanco.
Alicia arrugó la frente y comenzó a frotarse las manos, como hacía siempre cuando se sentía herida.
– ¿Lo ves?— Dijo el Conejo Blanco. – Ahora te estarás preguntando qué te hace tan imperfecta, qué has hecho mal para que no consiga amarte al menos un poco. Y es por eso mismo que no puedo amarte. No siempre te amarán Alicia, habrá días en los cuales estarán cansados, enojados con la vida, con la cabeza en las nubes y te lastimarán. A veces, se acaba pisoteando los sentimientos de los demás, por descuido, incomprensiones o conflictos consigo mismos. Y si no te amas al menos un poco, si no creas una coraza de amor propio y felicidad alrededor de tu corazón, los débiles dardos de la gente se harán letales y te destruirán. La primera vez que te vi hice un pacto conmigo mismo: “¡Evitaré amarte hasta que no hayas aprendido a amarte a ti misma!”. Por eso, Alicia, no, no te amo.”

En estas líneas, atribuidas a Lewis Carroll, a pesar de que parece que son duras nos encontramos con una de las aristas más relevantes para pensar la forma en la que nos vinculamos con los otros.

En otros espacios hemos hablado ya sobre autoestima y sobre amor propio, y aún a riesgo de parecer reiterativos, volvemos a retomarlo con estas líneas, puesto que consideramos que es un tema vital e incluso podría sugerirse que es la ausencia del amor hacia uno mismo, la que está en la base de muchos inconvenientes para construir vínculos sanos.

Muchas personas suelen amar a quién los ama respondiendo con emoción a las muestras de afecto, de cariño, aún sí dentro de ellas no existe un verdadero sentimiento hacia ese otro que ama. Estas personas suelen quedarse junto a quienes les muestran que los quieren o al menos, parecen quererlos. Pero no hay en ellos mismos amor hacia la otra persona, simplemente se dejan amar.

Ese tipo de personas no aman porque no saben hacerlo. Por lo general son personas que carecen de amor a sí mismos. No han logrado construir ese vínculo con uno mismo de amor, respeto, lealtad y reconocimiento. Por lo tanto se nutren del amor de los otros.

No necesariamente, quienes no saben amar son personas crueles, descuidadas, desatentas, por el contrario al ver una pareja de esta naturaleza es muy difícil identificar que uno ama y el otro se deja amar. La ausencia de amor a sí mismos no implica que se trate de malas personas, simplemente son hombres y mujeres que no han aprendido a amar en primera instancia y se esfuerzan por conservar ese amor que les dan y que los sostiene.

Muchísimos estudios han demostrado la importancia qué tiene el sentirse amado en el desarrollo personal. Lo que es importante resaltar es que para entablar un vínculo sano con alguien, primero debemos ser amados por nosotros mismos.

Un vínculo sano es aquel que impacta en nosotros de manera positiva, nos hace aprender, crecer, enriquecernos, desarrollar nuestro potencial. Cuándo nos amamos nos respetamos, nos reconocemos a nosotros mismos y nuestras propias emociones. Cuando somos leales a nosotros mismos somos capaces de establecer esa clase de vínculos que nos hacen bien, nos llenan de aprendizajes y emociones positivas, y por lo general son duraderos, y esto es porque nosotros participamos en la construcción del vínculo activamente dando y recibiendo.

Cuando el amor hacia uno mismo está ausente no hay un autoreconocimiento, por lo tanto es muy difícil que la persona pueda manifestar sus propios deseos, sus propias voluntades, sus propias necesidades. Todo eso queda sepultado bajo lo que erróneamente cree que es el amor, la dedicación, las atenciones, que siempre se brindan hacia el otro, porque ese otro cobra una relevancia superior y sus necesidades, su voluntad, sus deseos siempre son priorizados.

Con frecuencia ese tipo de relaciones funcionan porque, más allá de esta ausencia de amor propio en una de las partes, ambas son buenas personas y ambas de alguna forma quieren lo mejor para el otro, entonces pueden darse situaciones en las que a pesar de todo el vínculo dura toda la vida.

Sin embargo en otros casos la ausencia de amor propio, de respeto, de la lealtad a uno mismo acarrea situaciones desagradables en las que se puede terminar haciendo cosas que realmente no se desean hacer, solo para satisfacer al otro -que quizás sí ama de una manera real- pero por no ser capaces de manifestar las propias voluntades y deseos el vínculo se ve plagado de sentimientos contrapuestos.

El amor a uno mismo se va construyendo desde los primeros momentos de vida y a lo largo de todo el desarrollo. Le vamos dando forma con nuestros cuidadores, nuestra familia, nuestros allegados, nuestros amigos. Con la mirada del otro, cómo nos mira, cómo nos valora, cómo nos habla, cómo nos siente y nos piensa el otro. Lo construimos también con todo lo que nosotros podamos aportar a ese tipo de información, nuestras propias experiencias, nuestra propia espontaneidad. El amor hacia nosotros mismos es tan importante que si no lo cultivamos, sino lo tenemos, difícilmente podamos amar a alguien más. El Conejo Blanco le dice a Alicia “Evitaré amarte hasta que no hayas aprendido a amarte a ti misma”, porque no hay nada más triste que amar a alguien que no sabe amarnos.

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