Sobre el enamorarse y amar

Sobre el enamorarse y amar
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Sobre el enamorarse y amar

No hace mucho nos pasó por delante la avalancha de los enamorados, pintando corazones y rosas de rojo carmín por todas partes. Ideas para celebrar, frases, canciones, poemas, obsequios, etc. También están por supuesto los detractores, es decir, aquellos que detestan la celebración, el amor, enamorarse, a Cupido y hasta el brillo en los ojos de aquellos quienes festejan el alboroto del enamoramiento. 

En otros apartados se ha hablado del amor y las cuestiones que ha planteado a numerosos teóricos de la psicología y la conducta. El enamoramiento tampoco ha escapado a la curiosidad de los pensadores puesto que, en ocasiones, consigue poner al hombre en una situación particularmente vulnerable. 

Podríamos marcar algunas diferencias entre amar y estar enamorados. En principio toca recordar que el amor es un sentimiento que se prolonga en el tiempo, dice Joaquin Sabina: “No hay ni una historia de amor que tenga un final feliz. Si es amor, no tendrá final. Y si lo tiene, no será feliz”. El enamoramiento, en cambio, es periódico. Aunque hay diversas posturas en este tema, se calcula (sí, se puede calcular) que tiene entre 8 y 18 meses de duración. 

Podemos agregar también que el amor, es un sentimiento que se sostiene en el reconocimiento del otro, en el respeto. En ver en el otro, en esa persona amada, a alguien diferente a uno, con deseos y voluntades que le son propios. Contrariamente, en el enamoramiento, el otro es el depositario de todas nuestras idealizaciones, vemos en el otro lo que nosotros queremos ver, lo que soñamos. Es como si tuviéramos una venda en los ojos, o si lo viéramos a través de un filtro, de manera tal que el otro es exactamente como nosotros queremos que sea. No en vano, la frase “se le cayó la venda de los ojos” hace alusión a ese momento en el que el enamoramiento finaliza, y uno ve a quien tiene en frente en realidad.

Sigmund Freud, padre del psicoanálisis, se ha dedicado en numerosos textos al estudio del amor y el enamoramiento, en el texto Psicología de las masas y análisis del yo1   él plantea “el objeto amado goza de cierta exención de la crítica, sus cualidades son mucho más estimadas que en las personas a quienes no se ama o que en ese mismo objeto en la época en que no era amado.”(p.106). Y, si hacemos memoria, es sencillo reconocer que alguna vez en que algún amigo, hermano o nuestros padres nos han dicho “esa persona no es para ti”, nos ha resultado casi ofensivo. Porque en el enamoramiento la persona es perfecta. Así mismo, cuando el enamoramiento pasa, no sería extraño que nos cruce por la mente algo como “¿esto me pareció lindo?” o “¿qué le vi?”.

Pero entonces, nos preguntamos ¿para qué enamorarnos?. Sabido es que el amor es un sentimiento que surge poco a poco, enraizando en nosotros y para que esto suceda se requiere de tiempo. Un tiempo en que el enamoramiento es vital. Nos acercamos a esa persona porque nos gusta, nos hace sentir todas esas cosas que nos provocan placer, nos llenan de energía, de entusiasmo. 

Claro que poco a poco, esa nube que nos hace ver todo de color de rosa, se va disipando dando lugar a la realidad. Comenzamos, entonces, a ver algunas cosas que no son perfectas, que nos molestan, que nos duelen. Pero aún así, esa persona sigue siendo especial, sigue llenándonos y sigue acompañándonos en sentires, proyectos, sueños. Finalmente logramos ver al otro tal cual es, con sus virtudes, sus defectos, y así también somos vistos. Y aceptados. El reconocimiento mutuo a partir del amor es el saber que el otro no es perfecto, pero aún así lo elegimos para andar la vida juntos.

Lo mejor de todo esto es que el enamoramiento, si bien es efímero, no es algo que ocurra una sola vez en la vida. No es que nos vamos a enamorar una vez en la vida y ya no más. No vamos a estar junto a la persona que amamos sin estar enamorados. La caída del velo del enamoramiento, da lugar a lo real, a lo que es la otra persona, y a que podamos volver a enamorarnos cada día de esa persona, tan solo con un gesto, con una palabra. Ya no de una manera idealizada, sino más madura y a sabiendas de que el otro no es una persona perfecta, pero es la persona que elegimos cada día.

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  1.  Freud, S. (1921) Psicología de las masas y análisis del yo y otros textos en Obras completas Tomo XVIII Ed. Amorrortu

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