Relaciones tóxicas

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Relaciones tóxicas

Para aquellos que conocen nuestras ideas y son frecuentes lectores, debe llamarles la atención la utilización del término “tóxica”, puesto que en otros espacios hemos comentado lo debatible que lo consideramos, puntualmente, cuando se trata de lo que últimamente se ha puesto de moda que son personas tóxicas.

Dado que en este apartado vamos a hablar sobre relaciones tóxicas, vamos a admitirlo en tanto y en cuanto no estamos refiriéndonos a alguien en particular, sino a un vínculo que se establece entre dos o más personas y que provoca daño emocional -y a veces físico- por lo menos en una de las partes.

Una de las características más importantes de este tipo de relaciones es que, a pesar de todo, las señales de alertas -o banderas rojas, como se suele decir también- pasan absolutamente desapercibidas. O peor aún, son justificadas desde la aceptación, desde la comprensión y desde una empatía poco saludable. 

Ahora bien, sabemos que una relación sana entre dos personas no está exenta de sufrimiento, ni de malos entendidos,  ni de discusiones. Sin embargo, llegado el momento, las partes son capaces de reconocer el problema, plantearlo y solucionarlo juntos. Porque el sentido de la relación saludable es que sus miembros comparten el mismo compromiso de lealtad, cuidado, amor, dedicación, etc., tanto consigo mismo como con el otro y con la relación. 

Pistas que te indican que estás en una relación tóxica

Entonces, cuando no se nos permite expresar cómo nos sentimos, cuando nuestros sentimientos son minimizados o pisoteados, cuando nuestra voz es acallada por un grito,  cuando nuestra casa se vuelve una prisión, cuando poco a poco nos vamos alejando de nuestros afectos, y creemos que la única persona con la que podemos contar es  precisamente la misma que nos hace sentir así, podemos decir que estamos en una relación tóxica.

Ocurre que en determinado momento nos preguntamos si estamos o no en una relación tóxica, cuando esto sucede, algo en nosotros nos está alertando. Si hay un cuestionamiento es porque, de alguna manera, no nos estamos sintiendo libres en nuestra relación. 

Vamos a mencionar seguidamente algunos de los comportamientos que podemos encontrar en relaciones tóxicas y que deben ser para nosotros signos de alarma. No, necesariamente, para huir, pero sí para visibilizarlos, y para no dejar que se instalen en el vínculo,  de manera tal que seamos capaces de establecer, a tiempo, los límites necesarios para una relación saludable.

Comportamientos que se encuentran en relaciones tóxicas

Microagresiones: Las microagresiones son acciones o palabras que apuntan directamente a la identidad, por ejemplo: religión, etnia, nivel cultural, nivel de estudios, peso, tamaño, color de piel o de cabello, forma de hablar, etc. Todas estas características personales pueden llegar a ser objeto de rechazo, de desprecio, de menosprecio. Dentro de estas microagresiones también podemos encontrar comentarios del tipo paternalistas como por ejemplo “tu no puedes, déjame a mí”, “mejor yo te llevo y luego te paso a buscar”. También podemos encontrar invalidación emocional, y un marcado desinterés en el punto de vista del otro, y sus sentires. 

Violencia psicológica: Se trata del uso de palabras o actitudes que provocan daño psíquico en el otro. Aquí podemos encontrar ya sea insultos, gritos, miradas e incluso la indiferencia.  Las microagresiones forman parte también de la violencia psicológica.

Ira explosiva: Son episodios, generalmente repetidos, de manifestaciones abrumadoras y extremas de emoción descontrolada. Cabe destacar que en estos casos, siempre la emoción se expresa de manera exagerada.

Coerción: es la presión que se ejerce sobre el otro para forzarlo a hacer algo que no desea. En estos casos es común el uso de amenazas, intimidación o manipulación para obligar a una persona a comportarse de cierta manera debido a la creación de miedo o ansiedad. En casos extremos también se emplea fuerza física.

Intimidación: es el empleo de frases o supuestos que provoquen miedo en el otro, suelen ser expresiones como “si vas sola te puede pasar algo”, “estudiar es muy difícil y con la casa y los chicos lo más probable es que fracases en los exámenes”, “si yo me voy, ¡a ver qué haces con los niños!”  

Manipulación: es el intento de controlar los pensamientos, el sentir, y la toma de decisiones de otra persona. Suele ser algo sutil, al punto que uno no lo nota, cree que toma decisiones y que es autónomo en sus ideas y sentimientos, pero no es así, todo ha sido inducido por alguien más. A veces incluso, pueden valerse de mentiras o llegar a emplearse prácticas deshonestas para lograrlo. 

Gaslighting: es una de las formas de manipulación más sutil, en la que el otro logra que uno desconfíe de sus propias ideas, de su propio juicio. Hay un escrito sobre gaslighting, más detallado al respecto que seguramente resulta muy útil.

Control económico: esto se da cuando alguna de las partes posee ingresos económicos y la otra no. Esto produce cierta posición de poder otorgada por el dinero, para controlar al otro se ponen restricciones sobre los recursos financieros, y de esta manera, se limita la autonomía y la toma de decisiones de la otra persona.

Amenazas: aquí no solo tenemos amenazas de daño físico que son las más habituales sino también las amenazas de abandono, desamor, de retiro de recursos económicos, de engaño, e incluso de hablar mal de uno con  amigos y familiares, en casos más extremos suele aparecer  el “si te vas me mato”. 

Humillación: en este caso, hablamos de denigrar al otro. Pero por lo general, ya no solo en el ámbito de la intimidad de la relación, sino frente a amigos y familia, afectando tanto la autoestima del otro, como su identidad. Suelen ser burlas o quejas que aún dichas en tono de bromas suelen impactar profundamente en el otro.

Aislamiento: se trata de todo aquello que hace una de las partes para inducir a la otra persona a poner distancia de su entorno social. Poco a poco, y por diversas razones, uno se va alejando tanto de amigos como de su propia familia. Esto conlleva a que se pierda la red social de apoyo, minando tanto la autoestima como el sentido de pertenencia. Entonces uno queda a merced de “la única persona a la que realmente le importamos”

Violencia física: en este punto estamos ya frente a la agresión física, que puede abarcar desde empujones y golpes, a rotura de cosas, lanzar objetos a la otra persona, o privación de la libertad, por ejemplo, irse y dejar al otro encerrado en la casa, sin teléfono ni forma de comunicarse con alguien más.

Puede suceder, que algunas de estas situaciones nos resulten familiares. No solo porque las hemos escuchado o visto en alguno de nuestros seres queridos, sino porque las podemos observar en nosotros mismos. Con frecuencia, en un momento intenso, en el que las emociones nos hacen perder el control, terminamos cayendo en alguna de estas conductas. Por esto es importante poder detectarlas y aprender a controlarlas antes de que sucedan. 

También es importante detectarlas, sin justificarlas, porque entonces, una vez pasado el momento intenso se debe plantear que ese tipo de conductas son inadmisibles. Por esto es necesario tener muy claro qué queremos y qué no queremos para nosotros. Una relación, ya sea esta de pareja, fraternal, parental o incluso laboral, debe estar basada siempre en el respeto y en el reconocimiento del otro. Cuando eso no sucede el vínculo establecido no será saludable para ninguna de las partes.




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