Sobre la invalidación emocional

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Sobre la invalidación emocional

Vivimos cercados por tendencias. La moda se impone en todo lo que nos rodea: ropa, celulares, música, comida, ejercicio, y un largo etcétera. Una de estas tendencias es la psicología positiva, la del “tú puedes”, pero sobre todas las cosas la casi imposición del deber estar bien.

Tal parece que hoy no tenemos permitido sentirnos tristes, cansados, enojados, frustrados, porque hoy en día la tendencia es estar bien. Y es comprensible porque dada la vertiginosidad de la vida actual, perder tiempo en estar enojados, cansados o tristes, suena a algo así como un pecado capital. Lo cierto es que muchos profesionales han tenido que salir a decir con firmeza y convicción que está bien no estar bien. Y pese a lo ridícula que pueda parecer esta afirmación, resultaba necesaria puesto que en muchos casos estas tendencias condujeron a graves perjuicios para las personas, por ejemplo, negando o minimizando las propias emociones e incluso las ajenas.

Ahora bien, ¿de qué hablamos cuando decimos invalidación emocional? Pues nos referimos precisamente a esas actitudes de negar o minimizar las emociones. Las invalidamos. Invalidamos lo que sentimos o lo que el otro siente, o somos invalidados por el otro. Y es algo que se hace inconscientemente en el afán de lograr “bienestar”. Y es algo que se suele hacer incluso sin pretenderlo utilizando frases como las siguientes:

  • No es para tanto
  • Tienes que ser fuerte
  • ¿Por eso estás llorando? 
  • Sigue adelante, ya no lo pienses más
  • No quiero hablar de eso
  • No se puede hablar contigo
  • Eres demasiado sensible
  • Podría ser peor
  • Los hombres no lloran
  • Si yo pude superarlo, tú también puedes

Sí, es sorprendente tomar conciencia de la frecuencia con que se suelen utilizar este tipo de sentencias. No debemos perder de vista que, aun cuando la intención sea la mejor, minimizar las emociones es no atravesarlas, y esto a la larga termina enfermando el cuerpo. Cuando se desmerece lo que se siente diciendo cosas como “no tengo que sentirme mal tengo que ser fuerte tengo que afrontar esto”, lo cierto es que sí, tenemos que hacerlo, superar las situaciones problemáticas es una forma de crecimiento y aprendizaje, de fortalecimiento y de madurez; no obstante, también tenemos el derecho de sentirnos mal y de ser contenidos. No siempre tenemos que ser fuertes, no siempre tenemos que estar sonriendo, no siempre llorar es de débiles. 

Todas estas frases hechas que solemos escuchar, y que solemos decir con la intención de sentirnos mejor o de hacer sentir bien al otro, a veces nos motivan, “tú puedes salir adelante”, pero en ocasiones necesitamos procesar nuestras emociones de otra manera. Cuando no se da lugar a la emoción preponderante lo que se está haciendo es invalidándola. Negando el derecho a sentir y expresar esa emoción correctamente.

Tal vez el problema es realmente una nimiedad, pero el impacto que tiene en cada uno es diferente. Lo que sentimos se ajusta a cómo un problema nos afecta, y no al problema en sí mismo. De esta manera, lo que para otros puede ser algo simple y sencillo, para nosotros no lo es, y viceversa. Entonces, nadie puede minimizar o invalidar lo que sentimos. Así como nosotros no debemos hacerlo tampoco con los demás. Ponernos en el lugar del otro es empatía, minimizar lo que siente es invalidar sus emociones. 

Cómo alternativa a la invalidación emocional debemos lograr que las actitudes que adoptemos a partir de ahora sean en virtud de reconocer al otro, a sus emociones, a sus sentires, y por supuesto, buscar ser reconocidos también nosotros. Pero este es un reconocimiento que no se trata solo de saber lo que está sintiendo, sino también de comprenderlo, de aceptarlo, de alojarlo, de darle lugar a eso que el otro siente, aún cuando para nosotros sea difícil de comprender la importancia que ese evento tiene para la otra persona. Porque la empatía implica poder ponerse en el lugar del otro pero no desde nosotros mismos, sino intentar comprender qué es lo que el otro está sintiendo.

El rol adecuado sería el de acompañar de una manera comprensiva, amorosa, dando lugar a las manifestaciones emocionales. Pero esto solo se puede hacer cuando hay un verdadero reconocimiento del otro. Cuando podemos entender qué es lo que realmente está sintiendo y validarlo, y saber que eso que se siente es justo lo que tiene que sentirse en ese momento. 

No debemos olvidar qué las emociones se caracterizan porque tienen un principio y un final. No vamos a estar tristes siempre ni vamos a estar felices siempre. No vamos a estar enojados siempre y alegres siempre. Es un fluir constante y así es como debe ser. Lo importante es aprender a conocernos y aceptarnos y aprender a reconocer al otro y aceptarlo tal y como es, tal y como siente. 

Para cerrar vamos a agregar algo que parece que a veces perdemos de vista y es que todo lo que sentimos está bien. Las emociones que nos embargan tienen una función, son importantes, hay que aprender a identificarlas, a reconocerlas, a vivirlas y a regularlas adecuadamente.

fuentes: 1 2

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