¿Por qué te ofendes fácilmente?

¿Por qué te ofendes fácilmente?
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¿Por qué te ofendes fácilmente?

Hay personas que pasan la mayor parte de su vida sintiéndose ofendidas por lo que alguien les hizo. Algunos pertenecen a la generación de cristal, esos jóvenes nacidos a partir del año 2000, cuya fragilidad ha conducido a la tan conocida etiqueta. En otros casos, quizás son personas que se ubican dentro de las PAS. Y otros, quizás solo perciben ofensas en lo que los demás hacen.

El punto aquí, que atañe a todos aquellos que suelen ofenderse fácilmente es que ¡Nadie los ha ofendido! Son las expectativas que se tienen respecto del otro, eso que se espera de esas personas, las que, al no ser alcanzadas, hieren.

Estas expectativas las alimentamos nosotros mismos. Quizás idealizando al otro, quizás simplemente esperando demasiado. Las personas que se ofenden fácilmente, suelen tener este tipo de pensamientos, que no son reales, no ven realmente al otro como es, con sus defectos y falencias. 

Por la web se puede leer que escriben cosas como: Si tú esperabas que tus padres te dieran más amor y no te lo dieron, no tienes porque ofenderte. Son tus expectativas de lo que un padre ideal debió hacer contigo. Tus ideas son las que te lastiman. O bien Si esperabas que tu pareja reaccionara de tal o cual forma y no lo hizo, tu pareja no te ha hecho nada. Es la diferencia entre las atenciones que esperabas tuviera contigo y las que realmente tuvo, las que te hieren. Nuevamente, eso está en tu imaginación.

El problema entonces estaría en esas cosas que estamos queriendo encontrar en el otro, pero no están. El otro es diferente a lo que uno piensa, a lo que deseamos que sea. Y eso está bien. El reconocimiento mutuo, que hemos mencionado en muchos otros artículos, evita este tipo de situaciones. En el reconocimiento mutuo, uno reconoce al otro tal y cual, con lo que piensa, desea y siente. Entonces, ya uno no siente que el otro “nos hace” tal o cual cosa, sino, que el otro hizo algo. Quizás eso no nos gusta, porque todos tenemos diferentes formas de ver las cosas, pero no vamos a sentir esa acción como ofensa. 

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Una de las ofensas más comunes es la de tratar de imponer el punto de vista propio a otra persona, intentar guiar su vida. Estas situaciones generan un ida y vuelta de malestar. En primer lugar porque el otro no ha hecho lo que nosotros sugerimos. En segundo lugar, porque la imposición deja huellas en el otro. Cuando reconocemos al otro, estamos alojando su punto de vista -diferente al nuestro-, sus deseos, sus proyectos. Y aún cuando quizás la decisión del otro es errónea y lo conducirá a un fracaso, tenemos que permitirle experienciar eso también. Porque el amor se basa en el reconocimiento, y el reconocimiento es libertad. 

Las personas son un río caudaloso. Cualquier intento de atraparlas te va a lastimar. Ámalas, disfrútalas y déjalas ir.

6 Tips para no ofenderse fácilmente

Entonces, resumiendo, vamos a puntualizar algunos aspectos importantes a tener en cuenta, para evitar esos momentos tan desagradables en los que nos sentimos tan heridos:

1.- Debemos entender que nadie nos ha ofendido. Nuestras expectativas respecto de los demás suelen estar muy lejos de lo que los demás son en realidad.

2.- Debemos reconocer al otro tal y como es. Eso nos va a proporcionar un mayor bienestar personal y la construcción de vínculos sólidos y saludables.

3.- Aprendamos que nadie nos pertenece. Simplemente cada uno decide -o no- compartir su camino con nosotros.

4.- Dejemos de pensar demasiado. Con frecuencia nuestra cabeza se convierte en nuestro peor enemigo. 

5.- La perfección no existe. Ni los padres, ni las parejas, ni los hijos, ni los amigos son perfectos. Solo existen las personas deliciosamente imperfectas.
6.- Disfrutemos de la vida. La vida real, con esas personas reales e imperfectas, es más hermosa y excitante que cualquier idea que podamos cultivar en nuestra mente.

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Benicio
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