Ansiedad en los niños, cómo ayudarlos

Ansiedad en los niños, cómo ayudarlos
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Ansiedad en los niños, cómo ayudarlos 

¿Pueden los niños padecer ansiedad?

Anteriormente hablamos sobre la ansiedad, definiéndola y explicando qué es y cómo se aborda desde la perspectiva cognitiva. Esta vez vamos a pensar cómo es la ansiedad en los niños. Podríamos preguntarnos ¿es posible que los niños padezcan este tipo de trastornos? La respuesta, tristemente, es que sí. Se estima que puede aparecer en los niños a partir de los cinco años, aunque suele ser detectado ya en la adolescencia.

Ansiedad en los niños, cómo ayudarlos

¿Cómo puede manifestarse la ansiedad en los niños?

Si bien hay diversas formas de ansiedad, el Trastorno de Ansiedad Generalizada es el más común en niños y adolescentes. Se presenta bajo la forma de preocupaciones cotidianas que pueden estar en la mente de todo niño: “¿y si desapruebo la materia?”, “¿y si papá pierde el trabajo?”, “¿y si en la nueva escuela nadie quiere ser mi amigo?”, etc., pero en los niños ansiosos, la permanencia de estas cuestiones es más importante e intensa que en cualquier otro niño.

Es muy relevante la forma en que los adultos responsables del niño regulan y lidian con las situaciones de estrés. Esto de alguna manera influirá también en la manera en que el niño sobrelleve situaciones estresantes. Cabe aclarar que, actualmente, los niveles de estrés en los niños es un factor preocupante. 

En una investigación de 2021 

“Se encontró que la ansiedad tenía una prevalencia de 18,9 a 23,87% en niños durante la pandemia de COVID-19, mientras que las poblaciones de adolescentes demostraron una prevalencia de 15,4 a 39,9%. El sexo femenino fue el factor de riesgo más estudiado y la actividad física fue el factor preventivo más documentado.”1

La ansiedad como trastorno familiar

La ansiedad como trastorno familiar

Aún si consideramos el factor multicausal como desencadenante de este trastorno, por lo general si los padres padecen algún tipo de tipo de ansiedad es posible que el niño también lo desarrolle. Por esta razón se piensa en la ansiedad como un trastorno familiar, no obstante, culparse por la ansiedad de los hijos no es nada positivo. Por el contrario, los padres son agentes importantísimos en la solución del problema. Por un lado, porque son los que pueden detectar tempranamente los signos y síntomas que el niño manifieste, ante los cuales lo indicado es consultar con un profesional que evalúe al pequeño y proponga el tratamiento más adecuado.

Pero por otro lado, porque son los padres quienes deben sostener al niño en sus crisis ayudándole a encontrar la mejor manera de lidiar con los distintos estresores que puedan presentarse. Por esto es oportuno que si los padres padecen ansiedad, recurran a un profesional, en busca de asesoramiento o bien de tratamiento, de esta forma tendrán más herramientas para acompañar a su hijo. Si padecemos alguna forma de ansiedad, deberíamos poder encontrar una forma adecuada de lidiar con los estresores, para que el niño pueda ver cómo nosotros afrontamos esas situaciones que nos asustan o nos estresan. Recordemos que ellos siempre nos están observando, y más allá de lo que podamos decirles o recomendarles, ellos aprenden de lo que nosotros hacemos.

Consejos prácticos para padres de niños con ansiedad

Vamos a ofrecer algunos tips para los papás y mamás de niños con ansiedad. Consejos que pueden ser de ayuda para esos momentos más intensos en los que muchas veces nos vemos superados. Recordemos antes que la ansiedad es un miedo anticipado que surge a partir de determinada circunstancia que puede percibirse como negativa. Como decíamos antes puede partir de cuestiones cotidianas como por ejemplo la posibilidad de alguna tormenta.

  • Primero que nada tenemos que saber que nuestro objetivo como padres no es eliminar la ansiedad, sino ayudar a nuestro hijo a controlarla. Claro que cuando lo vemos sufrir, nuestra tendencia siempre será a alejarlo de aquello que lo está afectando. Sin embargo, en este caso, suprimir los estresores que desencadenan la crisis, no es lo más conveniente, puesto que este tipo de conductas, con el tiempo, podría provocar una intensificación en la reacción negativa ante el estresor, con la consiguiente afectación de la vida diaria.
  • Por eso no hay que evitar los factores estresantes que causan que el niño se sienta ansioso, puesto que a la larga será más perjudicial. Si un niño siente ansiedad ante las agujas y no lo vacunamos, puede que se alivie su ansiedad, pero podría contraer enfermedades innecesarias. Por otro lado, el niño está aprendiendo, y si llorando o enojado, consigue lo que desea, entonces aprenderá que esa es la forma de hacerse de sus objetivos.
  • Es recomendable manifestar expectativas positivas, pero que sean realistas. Es decir, si un niño teme fracasar en un exámen no se le debería decir que eso no es posible, sino que aún si desaprueba, no es el fin del mundo. Lo que se debe buscar es que el pequeño confíe en que puede manejarlo, y aún si no logra el éxito, puede volver a intentar. Los niños con ansiedad suelen ser perfeccionistas, por lo que es necesario conducir al pequeño a establecer expectativas que sean realistas, alcanzables con esfuerzos acordes a su edad. De esta manera, el nivel de ansiedad puede ir disminuyendo conforme pase el tiempo y la exposición ese miedo (exámenes)
  • No debemos caer en la invalidación emocional. Para ayudar al niño a superar la ansiedad, debemos respetar sus sentimientos, pero sin llegar a empoderarlos. Parece contradictorio, pero debemos comprender que validar sus emociones no implica que estemos de acuerdo con ellas. Y esto es lo que debemos transmitir al niño. Sabemos cómo se siente, podemos empatizar con él pero debemos enfatizar que creemos que es perfectamente capaz de afrontarlo, y que estamos con él acompañándolo. 
  • Quizás parezca de más esta sugerencia, pero la experiencia muestra que es necesario recordar el no hacer preguntas que generen ansiedad. Naturalmente queremos que nuestros niños nos cuenten acerca de sus sentires, pero preguntando “¿estás nervioso por esto?” o “¿estás ansioso por lo otro?” o bien “¿te preocupa tal cosa?”. Podemos generar la apertura con expresiones más neutrales del tipo “¿Cómo vas con las cosas de la Expo de la escuela?” o “¿Necesitás que te ayude con algo para matemáticas?”. 
  • Al preguntar o al hablar del evento estresante no debemos reforzar los miedos del niño. Si nosotros no creemos en nuestro hijo, difícilmente él pueda creer en él mismo. Si le transmitimos nerviosismo, el pequeño se sentirá más ansioso. Por lo tanto, nuestro mensaje debe ser claro y coherente, esto significa que resulta fundamental que nuestras expresiones siempre se apoyen en un tono de voz y un lenguaje no verbal que denote seguridad, tranquilidad y confianza. Esto ayudará a que podamos animar al niño a tolerar su ansiedad. Tenemos que hacerle saber que lo apoyamos y que lo estamos acompañando y que él podrá hacer lo que tiene que hacer con un poco de esfuerzo. Y nosotros reconocemos ese esfuerzo y lo invitamos a seguir adelante. Como decíamos antes, con el tiempo y la exposición a los factores estresantes, la ansiedad tiende a disminuir. A este fenómeno se lo llama “curva de habituación“, y es la forma de superar los miedos.
  • Otra de las formas de ayudar a los niños en estas situaciones tan difíciles es acortar el período de anticipación. Recordemos que la ansiedad es un miedo anticipatorio, si el niño siente ansiedad por vacunarse, no podemos estar conversando al respecto un par de horas antes, porque ésto sólo incrementará los niveles de nerviosismo y conducirá a un posible fracaso en el intento de controlar la ansiedad.
  • Es diferente cuando el tema se toca de manera espontánea y lejos del elemento ansiógeno. En este caso, pensar bien las cosas con el niño podría ayudar a desarrollar estrategias que le permitirán en su momento, gestionar adecuadamente los niveles de ansiedad, posibilitando un mejor afrontamiento. Por ejemplo, hablar sobre lo que sucedería si el miedo de un niño se hiciera realidad: ¿cómo lo manejaría? ¿cuáles serían los pasos a seguir para el pequeño? En algunos casos, tener un plan, una especie de protocolo, reduce considerablemente los niveles de estrés, y el niño puede transitar la situación de una manera saludable y efectiva.

La importancia del diagnóstico y el tratamiento

Para cerrar vamos a reiterar la importancia de un diagnóstico preciso y un tratamiento adecuado. Para eso es necesario que seamos capaces de detectar signos de ansiedad en nuestros chicos. El Trastorno de Ansiedad Generalizada en los niños y adolescentes puede presentar, entre otros, estos signos:

  • Inquietud o sensación de nerviosismo
  • Aprensión
  • Indecisión
  • Cansarse fácilmente, especialmente al final de la jornada escolar.
  • Irritabilidad
  • Problemas para dormir
  • Dificultad para concentrarse o sentir que su mente se queda “en blanco”
  • Catastrofizar o esperar siempre lo peor

Siempre que notemos que algo en nuestros hijos no está bien, lo mejor es consultar con un profesional. 

FUENTE

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  1. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC8525876/

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