Sobre padres e hijos: Estar

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Sobre padres e hijos: Estar

En el último vagón 

Todos los años, en el verano, mamá y papá acompañaban a su hijo en tren hasta la casa de la abuela. Luego,  regresaban a casa en el mismo tren al día siguiente. 

El niño, cuando creció, les dijo a sus padres:

– Ya soy mayor, ¿Qué dicen si este año intento ir solo donde la  abuela?

Después de un breve debate, los padres estuvieron de acuerdo. Ahí estaban parados en el andén de la estación, saludando, dando las últimas recomendaciones desde la ventana, mientras él seguía repitiendo:

– ¡Sí, lo sé, lo sé, ya lo han dicho cien veces…!

El tren estaba a punto de partir y el padre dijo: 

– Hijo, si de repente te sientes mal o tienes miedo, ¡ésto es para ti! – y puso algo en el bolsillo de su hijo.

El niño estaba solo, sentado en el vagón, sin padres, por primera vez, mirando curioso desde la ventana. Alrededor, extraños empujaban, hacían ruido, entraban al compartimiento, salían, el conductor hacía comentarios sobre el hecho de que estaba solo, alguien incluso lo miró con pesar y de repente el chico se sintió muy incómodo y triste, cada vez más.

Agachó la cabeza, se acurrucó en un rincón del asiento y las lágrimas comenzaron a fluir. En ese momento recordó que su padre le había puesto algo en el bolsillo. Con mano temblorosa buscó a tientas y encontró un papel, tenía escrito ésto 

– Hijo, estoy en el último vagón.

Hace un tiempo hablamos sobre el trabajo de los padres como tarea que no termina. Dijimos también, que una de las partes más difícil de este trabajo es soltar. Soltar esa mano que, aún ya crecida, para un padre o una madre siempre va a ser pequeña.

Es importante tener en claro que, como adultos en general, y como padres en particular, nuestra tarea es la de formar nuevos adultos independientes, autosuficientes, capaces de realizarse como individuos de una manera integral. Para esto es necesario que a lo largo del crecimiento, se les vayan proporcionando las herramientas que nuestros niños van a necesitar para poder crecer, comprender y participar activamente en la sociedad en la que están insertos. 

Y no es fácil. En el pequeño cuento lo vemos claramente, los papás de Martín debatieron al respecto… porque no es fácil. Como adultos podemos anticipar, podemos prever, podemos saber de antemano cuáles son los peligros que van a encontrar en su camino; y eso, a veces, nos desespera porque ellos, hambrientos por descubrir, por vivir, por probar… pareciera que no nos escuchan. 

Pero ellos escuchan y ven todo. Sus pequeños radares están siempre activados observándonos, escuchándonos, escudriñándonos y fundamentalmente copiándonos. Aprenden de nosotros todo el tiempo.

Martín había observado a sus padres cada vez que viajaban a casa de su abuela, y había aprendido de ellos lo que debía hacerse en un viaje. Estaba seguro, decidido y muy entusiasmado. ¿Qué pasó entonces? Aprendió de los adultos que estaban ahí, que estar solo parecía no ser muy bueno. Y aún cuando estaba muy emocionado con el viajar solo, y parecía no escuchar a sus padres antes de subir, sí escuchó que su padre le dijo que llevaba algo por si se sentía mal o tenía miedo.

Sí, es que a pesar de que no lo parezca, ellos siempre nos escuchan.

Ahora bien, muchos pensarán que finalmente el niño no estaba listo para hacer ese viaje solo. Que terminó asustado porque es pequeño. Y que si el padre no estuviera en el último vagón lo hubiera pasado muy mal. Incluso, muchos padres dirían que ya no debe viajar solo.

Lo cierto es que los niños tienen que aprender de nosotros, pero también de ellos mismos. Tienen que aprender poco a poco a ser independientes. Un viaje en tren puede ser divertido, pero también puede dar miedo. Lo que importa es que ellos sepan que sus padres siempre estarán ahí acompañándolos.

Sucede con los niños pequeños, con los adolescentes, con los jóvenes. A medida que van creciendo se hace quizás un poco más sencillo ir soltando. Pero la única forma en que sus experiencias (buenas o no tan buenas) les permitan crecer es si están seguros que los padres estarán ahí.

Cuando son adolescentes con las primeras salidas nocturnas, cuando son jóvenes con sus ganas de volar, los hijos se ponen a prueba y también a sus padres, una y otra vez. Pero el proceso comienza cuando son pequeños, cuando se queda en el jardín de niños, cuando se queda a dormir en casa de un amigo, cuando se va a un campamento con la escuela. 

Volvamos al cuento, ¿qué pasó después de leer el papelito? ¿Martín corrió a buscar a su padre? Probablemente no. Y probablemente al descender de la formación, le diría que el viaje fue genial y que quería hacerlo de nuevo. Porque saber que no estaba solo era suficiente. No importa si su padre estaba en el último vagón y él estaba en el primero… Su padre estaba. Lo importante es ir dando pequeños pasos para que los niños puedan desarrollar su propia independencia, proporcionándoles siempre la seguridad de que no están solos, que aún en el último vagón, estamos “por si acaso”. Esta seguridad permitirá crecer en la confianza y la solidez afectiva, marcando de esta manera un camino en la construcción de los vínculos en la edad adulta.

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