Sobre el trato en la pareja

Sobre el trato en la pareja
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Sobre el trato en la pareja

Dos personas que deciden compartir su vida, sus proyectos, su tiempo, aún si están apoyados en el amor del uno por el otro, afrontarán en su camino momentos de tensión y de zozobra. Porque la verdad es que nada es color de rosa en la pareja.

Una pareja se forma con dos personas diferentes. Con historias de vida diferentes, costumbres diferentes, creencias diferentes. Por más cosas que tengan en común, siempre habrá otras en las que encontrarán discrepancias. Lo que es esperable, dado que esto es un signo de la individualidad de cada uno. Estas discrepancias, en ocasiones serán causa de desacuerdos, de discusiones, y en muchos casos  se hará difícil vislumbrar el futuro. 

Es necesario ser capaces de encontrar un punto de equilibrio, ya que es sabido que en el encuentro de dos los que deciden son dos, los que piensan son dos, los que sienten y desean siempre serán dos, y eso requiere una equilibración, que aún si implica cierto renunciamiento por ambas partes, no tiene que ver con la sumisión. El equilibrio es ese punto en el cual ambos, con sus diferencias y sus cosas en común, retoman el camino juntos con el nuevo rumbo establecido.

Ahora bien, en estas líneas la idea es abordar esos momentos de turbulencias, en los que todo parece derrumbarse sobre ambos sin que se pueda hacer nada para evitarlo, y analizar la forma en que se tratan el uno al otro. En otro apartado hemos hablado ya sobre las discusiones y la necesidad de no perder de vista al otro. No dejar de ver en el partener a esa persona a quien elegimos para transitar la vida, a la persona que amamos y que nos ama. Porque esa es la base sólida en la que la pareja se sostiene: el amor.

La forma en que tratamos a nuestra pareja en la cotidianeidad, en la intimidad, y  la forma en que hablamos de esa persona con nuestros allegados, dice mucho sobre el vínculo que establecemos y el respeto que nos tenemos. Con frecuencia, solemos ser respetuosos con el otro hasta el momento en que estalla el debate, momento en que perdemos las formas y arrastrados por lo acalorado de la discusión, incurrimos en insultos y humillaciones, alzando la voz y empleando un lenguaje corporal sumamente amenazante.

Este tipo de cosas suceden porque perdemos de vista a la pareja en tanto tal, lo estamos viendo como oponente, enemigo. Ya no es la persona que camina a nuestro lado, sino la que va a dañarnos, a lastimarnos y antes que lo haga, preferimos hacerlo nosotros. Y sí, dicen por ahí que “la mejor defensa es el ataque”. No obstante, es necesario enfocar las emociones correctamente. Apoyarnos en nuestro proyecto de vida juntos, en el amor, en la comprensión, en lo que conocemos del otro, lo que elegimos a diario. 

Las parejas que logran enfocar sus emociones, evitando insultos y humillaciones innecesarias, alcanzan un nivel de estabilidad más firme, y duradero. Mirarse a los ojos es una forma de evitar el maltrato, porque uno no puede no ver en la mirada del otro a su compañero o compañera. Tal vez tomarse la mano o sentarse juntos, abrazarse. 

Una discusión es un intercambio de ideas, ambos quieren algo diferente y muchas veces opuesto, esto no implica que no puedan estar juntos, que no puedan coexistir proyectos personales con proyectos compartidos. La individualidad no se pierde en la pareja, o mejor dicho, no debería perderse. Escuchar al otro desde la empatía, intentando comprender lo importante que puede ser esa idea, o ese proyecto, es vital para poder acompañar, porque aún si uno no está de acuerdo, puede acompañar desde otros lugares.

Lo importante es mantener el trato respetuoso y cuidado. Así como hablamos en esos momentos de conquista, de seducción, de placer, de alegría, así es como tenemos que hablar en estos momentos álgidos, en que parece que el mundo se nos viene abajo, nos tiembla el piso y nos duele el corazón. De esta manera, vamos a poder recuperar esas emociones que experimentamos con satisfacción y desde el amor, intentar buscar el equilibrio necesario.

A menudo, esto es difícil de poner en práctica, porque nos vemos tomados por las emociones. Naturalmente es posible que uno rompa la armonía con un insulto, con un grito; 

y, en ese momento, pensar en algo diferente a lo que está aconteciendo cuando uno está gritando y otro está llorando, es muy complicado. Sin embargo, debemos pensar en este tipo de conductas como un hábito. Acostumbrarnos a responder desde el amor, desde el compromiso, desde la confianza. Sosteniendo, alojando y acompañando en el camino de la resolución del conflicto, porque cuando estamos en pareja, el conflicto no es del otro, el conflicto es de la pareja, y la resolución, no puede venir de otro lugar que de la pareja. 

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