Síndrome del Impostor
Algunos, quizás, hayamos oído hablar de esta sensación de inseguridad que experimentan aquellas personas que, o bien acaban de salir de su carrera profesional y se insertan en el mercado laboral, o bien ya llevan tiempo desempeñando tareas de alto rendimiento. Esta sensación de inseguridad que mencionamos se experimenta principalmente en las propias competencias, en los conocimientos adquiridos, en las habilidades que uno posee. Lo que provoca en la persona, la idea de no ser merecedor del cargo, del éxito o de la posición que se está ocupando.
El concepto de síndrome del impostor fue acuñado a finales de la década del 70, por profesionales que se orientaron a investigar con qué facilidad se presentaba esta inseguridad en mujeres que desempeñaban cargos importantes. Por esta razón se conocía como síndrome de la impostora y, si bien por aquellas épocas este síndrome sólo afectaba a mujeres, hoy en día se presenta de igual forma en cualquier persona, independientemente de que sea hombre o mujer.
Pensemos entonces ¿por qué impostor? Impostor es una persona que finge ser alguien que no es, por lo tanto, la sensación que experimentamos cuando padecemos este síndrome es, por ejemplo, la de estar fingiendo ser idóneos en una tarea que no estamos seguros de poder llevarla adelante adecuadamente.
Estas inseguridades por supuesto están ligadas a la propia autoestima. Por lo tanto, podríamos pensar que llegamos a sentirnos impostores cuando nuestra autoestima no está construida de manera saludable. La autoestima es el valor que nos asignamos a nosotros mismos, es decir, que es la manera en la que nos valoramos. Por supuesto, dado que no es algo congénito, la autoestima se va construyendo a través de las vivencias que desde el primer momento de vida vamos adquiriendo. Así es que se va formando con esas palabras y acciones que nuestro entorno tiene hacia nosotros. Por esta razón, cuando crecemos en un entorno poco favorable, donde la crítica, el desprecio y la desvalorización son moneda corriente, es muy probable que lleguemos a considerar -aún después de una carrera profesional exitosa, aún en medio de un cargo de relevancia- que no lo merecemos porque no somos aptos para la tarea.
No obstante, es necesario aclarar que si bien es importante que nuestros niños crezcan siendo valorados, debemos ser también capaces de enseñarles a superar frustraciones de manera saludable y enriquecedora. Con esto queremos decir que los niños necesitan saber cuáles son sus potencialidades y cuáles son sus debilidades. Esto les va a permitir, llegado el momento, saber dónde y cómo reforzar sus debilidades, y explotar sus potencialidades, como así también, fijar objetivos y metas alcanzables. Evitando,de esta manera el sentirse un impostor, con la inseguridad, la ansiedad y el estrés que esto provoca.
Según los investigadores, esta problemática suele presentarse en cinco tipos específicos de personas:
Expertos: Son los que todo el tiempo están estudiando y buscando cursos porque sienten que nunca saben lo suficiente o que siempre les falta aprender algo..
Individualista: Suelen considerar que si piden ayuda se verán más ineptos y menos confiables, y expondrán ante los demás sus falencias.
Perfeccionistas: Nunca están conformes con lo que han hecho, siempre consideran que podrían haberlo hecho mejor.
Genios: Suelen tener dificultades para enfocarse en determinada disciplina y su autoexigencia en las búsquedas de conocimiento suele abarcar incluso disciplinas que no son pertinentes a su tarea.
Superhéroes: Sus esfuerzos se enfocan en los demás, en hacer todo lo posible por colmar las expectativas del otro.
Ahora bien, ¿Cómo sabemos si hemos padecido o padecemos este síndrome? Es posible que nunca hayamos oído hablar de todo esto, pero es más común de lo que se cree, y probablemente, muchos de nosotros en algún momento de nuestra vida hemos experimentado esa sensación de ser impostores. Si bien en cada persona puede presentarse de maneras diferentes y en circunstancias diferentes por lo general el síndrome del impostor presenta características similares: dudas sobre el propio desempeño; incapacidad de valorar las propias competencias y habilidades; el sentimiento de no ser merecedor del éxito o de la posición que se está teniendo; el temor de no ser suficientemente capaz de desempeñar el cargo; considerar el aislamiento como la mejor opción para no perjudicar al resto del equipo; demasiado perfeccionismo; demasiada dedicación al trabajo, objetivos difíciles de alcanzar o definitivamente inalcanzables, miedo al fracaso, entre otras. Todas estas características suelen derivar en un cuadro de estrés, o bien el síndrome de burnout -que suele manifestarse como la sensación de estar o tener la cabeza quemada.
Dejamos aquí el link a un test que puede orientarnos para saber si padecemos este síndrome. Siempre recordamos que tanto el artículo como el test son orientativos y si en algún momento tenemos la inquietud lo mejor es recurrir a un profesional de la Salud Mental que nos evalúe apropiadamente.
Pero de todos modos y aún sin un test, cuando sentimos que estamos donde estamos solo por suerte, cuando sentimos que nuestras capacidades no son suficientes o que no valemos lo suficiente como para estar en el cargo que estamos, cuando terminamos escondiéndonos, temiendo que alguien descubra que solo somos impostores, nuestra salud mental se deteriora y experimentamos un agotamiento casi permanente.
Como decíamos antes, el origen de este síndrome puede ubicarse en esas frases o acciones que hemos recibido del entorno y que dieron lugar a ciertas ideas que se han ido enquistando en nuestra psiquis a medida que íbamos creciendo. Para revertirlo, sin lugar a dudas, tenemos que trabajar en nuestra autoestima, y para ello necesitamos en primer lugar, replantear nuestros pensamientos. Esto implica que esas ideas sólo pueden ser rebatidas con los hechos, por lo tanto, para poder desarticular este síndrome vamos a tratar de enfocarnos en los hechos. Son estos los que van a poner en cuestión esas ideas que nos invaden y nos atormentan. Si la tarea fue exitosa, suerte o no, ha sido exitosa. Analizar las estrategias que pusimos en práctica para que la tarea sea exitosa nos va a conducir a reconocer nuestra impronta en ese éxito.
En una segunda instancia vamos a validar la importancia de nuestras acciones en el éxito conseguido. A veces esto lo podemos lograr más fácilmente cuando conversamos con alguien respecto a lo que estamos sintiendo, ya sea un par, un superior o incluso un subalterno. En el superior podemos encontrar experiencia y conocimiento que nos ayuden a reforzar nuestra seguridad en nosotros mismos, nuestra autoestima; en un subalterno podemos encontrar la admiración que nos ayude a reconocer en nosotros esos conocimientos que nos son exclusivos y que han permitido el éxito de la tarea.
Otro paso importante que podemos dar para superar este tipo de problemáticas es el de celebrar los propios logros. Claro que cuando estamos en medio de sentirnos impostores difícilmente podemos hacer una celebración de los logros, porque no los atribuimos a nosotros sino al afuera. Por esto, es importante saber reconocer nuestra responsabilidad en el éxito de la tarea. Incluso si ha sido un trabajo en equipo, tenemos que ser capaces de reconocer y valorar nuestra responsabilidad en el equipo.
La particularidad del síndrome del impostor es que el éxito que obtenemos lo atribuimos a una fuera a una circunstancia, porque no nos sentimos merecedores de ello; y el fracaso sostiene esta idea. Por esto, si estamos frente a un fracaso, a un objetivo no alcanzado, o a un proyecto que no hemos podido llevar adelante; también al cotejar con los hechos y evaluar nuestras estrategias vamos a poder encontrar la razón por la cual no hemos alcanzado el resultado esperado; desarticulando así la ideación negativa de que no somos aptos, o que no merecemos estar en donde estamos.
Resumiendo entonces podemos decir que a efectos de revertir el síndrome del impostor vamos a:
- Reconocer que estamos sintiendo una inseguridad irracional,
- replantear pensamientos negativos,
- hablar sobre lo que sentimos con personas allegadas,
- Fijar objetivos alcanzables,
- celebrar los logros conseguidos,
- Aprender de los fracasos
- Buscar apoyo profesional.

- Yo soy bueno - marzo 16, 2026
- El pastor y las cabras montesas de Benicio de Seeonee - marzo 13, 2026
- Infidelidad poemas de infidelidad – Benicio de Seeonee - marzo 12, 2026

