Quiero dejarlo pero no puedo
¿Por qué no puedo dejarlo?
Muchas personas que viven situaciones de abuso, maltrato, abandono, pasan por un momento en el cual se detienen a pensar y, si bien saben que no quieren seguir adelante de esa manera, terminan haciéndose esta pregunta ¿por qué no puedo dejarlo? Y a la hora de responder encuentran numerosas respuestas-excusas, de las cuales logran asirse para continuar y sostener la misma situación. Frecuentemente, se justifican las acciones del otro en un exceso de empatía poco saludable, intentando comprender que: se trató simplemente de un mal momento, o bien de un mal día, o quizás por las tensiones que afronta. Cabe aclarar, que comprender la situación del otro es una condición necesaria para la convivencia y para la armonía en las relaciones, no obstante, admitir cualquier tipo de violencia en función de la comprensión de la situación del otro, es un error del que difícilmente se puede escapar. En otras palabras, nada justifica la violencia.

Suele ocurrir, que de pronto se cae en el círculo vicioso de la violencia, esto significa que uno sabe que el otro cometió un error, que hizo algo malo, que no queremos eso para nosotros, pero seguimos esperando que el otro cambie. En ocasiones, sucede que la otra parte también se da cuenta que cometió un error, que hizo algo malo y no quiere volver a hacerlo. Sin embargo, y a pesar de todas sus promesas no es capaz de controlarse y, durante un periodo de tiempo, sostiene la armonía en la pareja hasta que se vuelve a acumular tensión y en algún momento vuelve a estallar.
Aquí estamos en presencia de estallidos emocionales. En las personas que no logran controlar sus emociones, éstas pueden manifestarse de manera exageradas e inadecuadas. En estos casos, lo que suele encontrarse es que, pasado el arrebato emocional, la persona violentada, ante las excusas y las lamentaciones del otro, acepta, perdona, y da una nueva oportunidad que parece funcionar . . . hasta que ya no lo hace. Salir de ese círculo vicioso es también muy complicado, por lo general se requiere de acompañamiento profesional. Si hay una voluntad de mejorar en este aspecto, debe buscarse ayuda para evitar que estos desbordes erosionen la pareja, y poder restablecer un clima familiar saludable y de manera permanente.
Existe también otra posibilidad, y es que -quizás- la violencia no parte de una desregulación emocional, sino de una intención de daño, o bien de un absoluto desinterés por el otro. La situación es la misma: se cae en el círculo vicioso de la violencia, pero aquí no hay una pareja que intenta salir. Aquí será sólo uno el que tenga que escapar, y es entonces cuando se da cuenta que no puede dejarlo.
El verdadero problema comienza en el momento en que uno no es capaz de identificar como “violencia” los comportamientos de la pareja. Esto puede deberse a la presencia de pinceladas de violencia naturalizada a lo largo de la historia personal, lo que suele acarrear que ciertas conductas sean asumidas como normales. Otras razones por las que una persona sostiene este tipo de vínculos, puede ser por miedo al abandono, por dependencia económica, etc.
Como dijimos, surge entonces el “no puedo”. Y ese no puedo es tan real, como la necesidad de alejarse, porque la persona no puede salir de esa situación, de ese vínculo tan poco saludable.
Podría tratarse también de una relación donde el problema no es la violencia, sino el que ya no tenemos nada en común con la otra persona. No hay interés, sentimientos, atracción, intimidad, deseo, proyectos, sueños… Nada nos une a esa persona. Sin embargo, nos sentimos atados. Aquí también puede tratarse de diversas razones, puede ser enfermedad, desvalimiento, culpa, responsabilidad, creencias religiosas, etcétera. En estos casos también existen dentro de nosotros esas ideas que de alguna manera nos mantienen sujetos a alguien de quien queremos liberarnos.
Entonces, podemos concluir que, si a la hora de poner fin a una relación, no somos capaces de hacerlo, lo más probable es que estemos condicionados por ciertas imposiciones sociales, morales, familiares, y para poder cortar el vínculo, primero deberemos abordar esos condicionamientos que nos están limitando.
Todos tenemos la necesidad y el derecho de amar y ser amados, por lo tanto debemos ser capaces y responsables de crear y sostener nuestro bienestar afectivo. Desde Afectos siempre invitamos a trabajar en uno mismo primero, antes de Iniciar una relación, porque consideramos que es necesario conocernos y saber qué es lo que queremos para nosotros y a nuestro lado. Con estas metas bien claras, entrar en este círculo de la violencia será más complicado, como así también permanecer en un vínculo que no nos hace bien, será menos probable.

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