La leyenda de la Yerba Mate

La leyenda de la Yerba Mate
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La leyenda de la Yerba Mate

La diosa de la luna, Yací, siempre quiso conocer Misiones, un rincón paradisíaco de América del Sur. Pero sus imponentes árboles e impenetrable bosque, tapaban su visión aérea. Llena de curiosidad, se le ocurrió bajar a la tierra durante unas horas para para poder apreciar de cerca las maravillas de aquel precioso lugar. Pero no quería ir sola, así que convenció a su buena amiga la nube, llamada Araí.

De ese modo, juntas se atreven y descienden a la velocidad de la luz hasta la ciudad de las cataratas del Iguazú. Pero lo hicieron en forma de dos doncellas, dos muchachas amigas que paseaban por el bosque para no ser reconocidas.

Cuenta la historia que se quedaron maravilladas con la belleza de aquel paraje, vieron desde abajo la grandeza de las cataratas de Iguazú, el maravilloso porte de los árboles con sus inmensas hojas y disfrutaban a lo lejos de la simpatía de la hermosa gente de Misiones.

Pero algo sucedió: A las dos jóvenes las venía siguiendo un enorme felino por detrás y estaba a punto de dar su golpe mortal. Las mujeres al darse vuelta, se asustaron y se quedaron paralizadas. Pero entonces, un cazador que estaba también viendo la escena a lo lejos, con un tiro perfecto, atravesó a aquel enorme gato y acabó con el animal.

El joven cazador tranquilamente se quiere acercar para ver cómo estaban estas dos mujeres que jamás había visto, cuando de pronto desaparecen frente a sus propios ojos. Esa misma noche, el héroe de las doncellas, tuvo un extraño sueño. Vio a las dos mujeres que se le acercaban y le agradecían por lo que hizo por ellas en el bosque. Como agradecimiento le mencionaron que al otro día iba un hombre a tocarle la puerta para darle precisas instrucciones sobre un obsequio exclusivamente para él.

Efectivamente, cuando se estaba asomando el sol, un hombre misterioso golpeó su puerta. El cazador lo hizo pasar y este hombre le mencionó que “ya habían terminado sus años de soledad”. El cazador, que era viudo, se quedó pensando unos instantes y dejó pasar a este particular visitante. El hombre se presentó como “Tupá” el Dios del bien y le dijo que se dirija hacia el fondo de su casa que allí encontraría un nuevo árbol, de hojas fuertes y ovaladas. Con esas hojas podría hacer una infusión mágica, milagrosa, capaz de unir a la gente, símbolo de paz y fraternidad.

Y así fue: el joven guerrero encontró en el jardín de su casa una planta que no había visto antes. Tenía el aspecto tal como lo mencionó su visitante. Tupá le dijo que tome unas hojas de aquella planta y las ponga en una calabaza. Luego le indicó que pusiera agua en una gran pava y una cañita en el recipiente. Le dijo que es muy importante que “el agua no entre en hervor” para que el efecto del brebaje no pierda su poder y cause su asombrosa magia…“No se asuste si los resultados son inmediatos” le dijo el forastero al cazador. E inmediatamente cuando el joven prueba aquella “infusión con aroma enamoradizo” siente en su cuerpo algo que jamás había experimentado.

No terminaba de probar su bebida en aquella calabaza, que al instante golpearon su puerta. Era una vecina que pasaba por su cabaña y le dio ganas de saludarlo. Asombrada la mujer le preguntó qué estaba desayunando, por lo cual, el guerrero le convidó. Al probar, la tierna mujer sonrió como nunca antes y le mostró una canasta llena de panes caseros que empezaron a compartir.

Instantes después golpearon nuevamente su puerta y era un grupo de hombres, músicos todos, que le pidieron permiso para descansar en la sombra de la entrada de su cabaña. El cazador lo mira a Tupá y no lo podía creer. Tupá sonrió. Entonces el guerrero les dijo que mejor pasen y los recibió con pan casero y su novedosa infusión.

La mujer a cambio les pidió gentilmente si podían tocar alguna pieza a lo cual los hombres accedieron inmediatamente. Aquellas personas, felices, en esa humilde cabaña disfrutaban del momento compartido, estaban celebrando de estar juntos y estar vivos. En un momento el dueño de casa se dió vuelta y Tupá no estaba más allí. Luego miró hacia su jardín y vio aquella planta con sus preciosas hojas y el cazador entendió todo y sonrió.

Los músicos lo vieron tan pensativo al anfitrión que la curiosidad los invadió y le preguntaron el nombre de lo que él les había convidado a todos sus invitados. A lo cual el hombre luego de pensar unos instantes les responde: “Se llama yerba Mate

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