La imagen Corporal

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La imagen Corporal

Actualmente las redes sociales, las plataformas de streaming, de entretenimientos, la televisión, las imágenes publicitarias en la vía pública y en la web, arrojan permanentemente estereotipos subliminales que impactan de una manera, muchas veces violenta, en nuestra psiquis.

Publicidades que ofrecen productos que pueden proporcionar cierta comodidad en las actividades de la vida diaria se ven acompañados, sugeridos, utilizados por personas que también responden a ciertos estereotipos, tan irreales, que dejan por fuera a la gran mayoría de la sociedad. 

Hasta no hace mucho, las problemáticas con la imagen corporal alcanzaban a las niñas preadolescentes y adolescentes y muchas veces se prolongaban hasta la edad adulta, pero, fundamentalmente, afectaba a las mujeres. Hoy, esta realidad ha cambiado y nos toca ver que muchos varones también se ven influenciados por estos estereotipos.

El de “imagen inconsciente del cuerpo” es un concepto que francoise Doltó desarrolló en su libro La imagen Inconsciente del Cuerpo de 1986. Se refiere a la forma en que cada uno se percibe a sí mismo inconscientemente esta imagen, según la autora, se constituye con todas las experiencias vividas por el sujeto, inclusive desde antes de nacer. Ella dice “la imagen del cuerpo es una síntesis viva de nuestras experiencias emocionales”. Esto significa que todas aquellas cosas que vamos recibiendo del entorno van a determinar la forma en la que nos percibimos. 

Por eso, todos estos elementos que mencionábamos antes, y que decíamos que impactan fuertemente en la psiquis de nuestros niños y nuestros adolescentes, van ir a atacar directamente la imagen que tienen de su cuerpo, de sí mismos.  No es secreto que para vender, hoy hay que ser joven, sexy y tener un una alta cuota de belleza. Una belleza que por supuesto se encuentra en la juventud, y en una forma muy específicamente determinada que deben adquirir los cuerpos tanto de las chicas como de los chicos.

Esto, por supuesto. acarrea que al compararse con lo que se vende, nuestros jóvenes sientan que no alcanzan el estándar requerido para ser aceptado, deseado, querido. Su imagen inconsciente del cuerpo se altera, porque ya no se ven como son realmente, sino que se auto perciben como seres que no son como se espera que sean.  

En el mejor de los casos, cuando nos vemos al espejo y vemos nuestra imagen y aceptamos que esa persona que nos está devolviendo el reflejo somos nosotros, con nuestras grandezas y pequeñeces, con nuestras diferencias y particularidades, con nuestra vida pasando por nuestro cuerpo, tenemos las herramientas necesarias para seguir adelante aún si no cabemos en esos “estándares” que nos imponen. Somos nuestro propio estándar. 

Los chicos, los adolescentes no están aún conformados totalmente en su psiquis. No están aún seguros de quiénes son, de qué quieren ser y toda la información que reciben del medio, ya sea medios de comunicación, amigos o familia, impacta y afecta directamente la concepción que tienen de sí mismos precisamente porque en ellos todavía está se está configurando.

Entonces, vamos a encontrar que algunas niñas se quejan de determinadas partes de su cuerpo, porque no es como debería, ser porque no es como el de la presentadora que está en la tele o la actriz que sale en las películas o la cantante que a ella les gusta. Cabello, pechos, piernas, cola, uñas, pestañas, etc., todo tiene un modelo y todo de alguna manera está determinado para ser de esa forma y no de otra. Lo mismo sucede con los chicos.

Llegados a este punto y quizás reconociendo algunas de estas problemáticas en nuestras propias casas la pregunta que surge es ¿cómo acompañamos a nuestros chicos en este proceso? ¿cómo hacemos para que acepten cómo son, cómo se ven? ¿cómo hacemos para que no se sientan menos, por no ser iguales a los estereotipos?

Lo primero que tenemos que hacer es empatizar con ellos y tratar de recordar nuestra adolescencia donde quizás también a nosotros nos pasó que estábamos muy disconformes con alguna parte de nosotros. Nosotros también fuimos adolescentes y por lo general es una etapa en la que el cuerpo molesta. Por esto, empatizar con ellos es un buen comienzo para que ellos se sientan seguros de que no están atravesando solos esta situación.

También es muy importante regular la alimentación de los chicos. Es decir, buscar alimentación que sea sana, nutritiva. Pero, asegurarnos de que tengan adecuadamente sus comidas diarias porque en estos casos, cuando la imagen corporal falla o se deteriora es muy posible que los chicos incurran en trastornos alimenticios. Para evitarlo tenemos que quizás cambiar el plan de alimentación de la familia orientado hacia algo más natural, sano y nutritivo, que ayude a los chicos a ir aceptando poco a poco su apariencia, incluso mejorándola en algunos casos, pero sin poner en riesgo su salud.

Siempre es aconsejable que los padres trabajen juntos en este tipo de situaciones, acompañando a sus hijos con un mismo discurso. Si tenemos mamás que se quejan porque se ven gordas o papás que quizás les dicen que se ven gordas a sus esposas o a sus hijos, es muy difícil que los chicos salgan de esa situación de una manera saludable. Entonces desde los adultos es de donde tiene que provenir el cambio.

Algo que no podemos dejar de lado es el tema de la sexualización, todos sabermos que hay infinidad de productos que sexualizan a las niñas, como por ejemplo ropa interior con ciertas inscripciones o dibujos en remeras con manos ya sea en la cola o en los pechos. Ese tipo de situaciones sexualizantes lo que hacen es sugerir que las niñas (y los varones también porque también) son objetos sexuales por la belleza, por su apariencia, cuando lo que tenemos que resaltar es que todos, en algún momento, vamos a ser deseados por mucho más que eso.

Por esto es imprescindible que los niños crezcan en el reconocimiento mutuo, sabiendo que cada uno es diferente y, como decíamos antes, en algún momento vamos a ser deseados también en nuestra diferencia. Ser un poco más alto, ser un poco más bajo, ser un poco más flaco, ser un poco más gordo, no es impedimento para que alguien pueda ver esa belleza que ellos no son capaces de ver todavía. 

Los cambios corporales que puedan llegar a buscar siempre tienen que estar orientados desde lo saludable, con dieta sana, con ejercicios acordes a la edad y al físico, desde un enfoque profesional, es decir, con un nutricionista, con deportistas, profesores.  Pueden sentirse incómodos dentro del cuerpo que tienen, pueden sentirse con ganas de cambiarlo y de lucir diferentes y no está mal que lo sientan, siempre que estén acompañados por sus padres y lo aborden desde un enfoque basado en la salud y el bienestar.. 

La forma en que, como padres, percibimos a los chicos está inscrita en su imagen corporal desde que los concebimos. Porque desde antes de nacer, ya los estamos imaginando, les estamos hablando, los estamos pensando y todo eso que nosotros hablamos, pensamos, imaginamos, para ellos se lo transmitimos en el momento en el que los tenemos en nuestros brazos, frente a nosotros. Todo eso que nosotros queremos o esperamos de ellos, lo proyectamos en la forma en que les hablamos, en la ropa que les compramos, los juguetes, en las distintas actividades que hacen fuera del colegio. Porque siempre les estamos transmitiendo nuestra imagen de ellos, lo que nosotros vemos de ellos, o queremos ver. 

Entonces, todo lo que nosotros les decimos, aún cuando ellos lo rechacen, está inscrito en ellos. Por lo tanto, tenemos que ser muy cuidadosos cuando hablamos porque todo lo que decimos hace mella en ellos, se están formando y los estamos formando nosotros con nuestras palabras, con nuestra mirada, con nuestras acciones. Si nosotros estamos inseguros con nuestra imagen corporal, es muy probable que ellos también lo estén.

Seamos conscientes de que todo lo que nos venden en los medios de comunicación gráficos y de todos tipos solo es mercado, pero nosotros y nuestros hijos no estamos a la venta. Nuestra imagen no está a la venta, nuestra imagen es nuestra y nos va a acompañar el resto de nuestra vida por lo tanto la tenemos que aceptar, querer, defender y cuidar adecuadamente, y así seremos capaces de enseñarles a nuestros niños a hacer lo propio.

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