Sobre el reconocimiento

Sobre el reconocimiento

Sobre el reconocimiento

“Te Veo, 
significa: Veo tu alma,
tu verdadera esencia, 
veo quien realmente eres. 
Te respeto, te saludo, 
te honro, te reconozco, te recibo… 
Conecto contigo…

(de la película Avatar)

La persona que llena nuestro corazón está delante de nosotros. Es todo lo que siempre soñamos. Es tal cual la imaginábamos. Pero ¿Qué vemos cuando miramos a quien amamos? ¿Vemos lo que queremos ver? ¿Vemos lo que esa persona realmente es? Lo cierto es que muchas veces vemos nuestras propias ideas proyectadas en el otro, como si esa persona solo fuera una pantalla en la que nosotros volcamos lo que realmente deseábamos ver. Estos son los casos en que se suelen decir cosas como: “más adelante va a cambiar” o “cuando termine la carrera…“ o “cuando encuentre trabajo…” y así podemos seguir llenando de ejemplos que solo nos van a llevar a ver que en realidad no vemos.

Ver al otro es reconocerlo, sea nuestro padre, nuestra madre, hermano, amigo, pareja, hijos… reconocer en el otro a alguien, a alguien diferente a nosotros. Alguien que piensa y siente a su propia manera, muy frecuentemente distinta a nosotros, y al reconocerlo, lo que hacemos es darle lugar a esa diferencia, a esa alteridad. Darle lugar y recibir al otro tal y como es.

Pero es sabido que nadie puede enseñar a ver. Uno no puede decir a otro “tienes que ver así”. Es por esto que el proceso de reconocimiento se inicia desde el nacimiento. En ese primer encuentro entre la madre y su bebé, en que la madre ve a ese niño que hasta hacía minutos nada más estaba dentro de su cuerpo formando con ella un solo ser, y ahora está fuera, en sus brazos, siendo otro. Siendo alguien diferente. Es en ese instante en que la madre reconoce a ese bebé como suyo y a la vez es reconocida por el bebé como su madre. Es en ese preciso momento en que todo comienza. Es la sensación de estar conectados pero a la vez ser distintos. 

Esta idea del ver al otro como semejante y a la vez diferente, como propio y a la vez individual, “es mi madre y a la vez es una mujer” “es mi bebé y a la vez es una persona diferente a mi” son las bases del reconocimiento mutuo que se instala más adelante en la relación erótica entre dos adultos. Reconocer al otro implica saber que es a quien uno ama y que nos ama, pero además es una persona con deseos, sueños, ideas, sentimientos, etc. que pueden tener que ver con otras áreas muy lejanas a nosotros. Reconocer al otro es precisamente alojar a ese ser para que sea quien realmente es.

Dice la psicoanalista norteamericana Jessica Benjamin que, en la pareja, el reconocimiento se puede experimentar en la unión erótica cuando ambos se pierden el uno en el otro. En la entrega verdadera donde uno da y recibe simultáneamente sin dejar de ser uno mismo. Uno se da al otro sin reservas sin dejar de ser uno mismo.

Este tipo de entrega, este tipo de vínculo tan profundo solo es posible a partir del reconocimiento mutuo. Cuando este reconocimiento del otro falla, se establece una relación de sumisión-dominación. Si uno no reconoce al otro, si no acepta lo que el otro es, si espera cambios, si exige cambios, la entrega no es posible. Si nuestra forma de ser, si nuestros anhelos, si nuestros deseos, no son reconocidos, no son recibidos por quien dice amarnos, tarde o temprano dejamos de ser quien en realidad debemos ser, para ser quien el otro desea que seamos. Quedamos reducidos a esa proyección que hace el otro sobre nosotros, y ya la entrega no es posible porque estaríamos hablando de sumisión.

En el comienzo se citó una frase de la película Avatar en la que se habla del reconocimiento del otro, de la posibilidad de ver la esencia del otro. Ese es el vínculo más auténtico, el que se basa en el amor verdadero, el amor que da lugar a que cada uno sea quien es. Ese “ver al otro” es el ver lo que realmente es el otro y aceptarlo y amarlo. Si bien no hay recetas para una relación exitosa, ser capaces de vernos de esa manera es lo que nos va a llevar a establecer vínculos reales, sólidos, duraderos y sanos. 



Referencia: Benjamin, J.D. (1996). Los lazos  de amor. Cap. 1: El primer vínculo. (pp. 23-69). Buenos Aires: Paidós. 




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