La generosidad de un amigo

<strong>La generosidad de un amigo</strong>
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La generosidad de un amigo

Relato de Las mil y una Noches

Se refiere que hubo un hombre muy rico que perdió todo lo que tenía y se quedó sin nada. Su esposa le aconsejó que fuese a ver a algún amigo para que le ayudase a rehacer su situación. 

El hombre fue a visitar a un amigo y le expuso la necesidad en que se encontraba. El amigo le prestó quinientos dinares para que comerciase con ellos. Como en su origen había sido joyero cogió el dinero, se marchó al zoco de los joyeros y abrió una tienda para comprar y vender. 

Mientras estaba sentado en la tienda se le acercaron tres hombres y le preguntaron quién era su padre. Les contestó que había muerto. Le preguntaron: 

– ¿Ha dejado algún descendiente?

– Ha dejado el siervo que tenéis aquí delante.

– ¿Y quién sabe que eres su hijo?

– Los comerciantes del zoco.

– Reúnelos para que den fe de que tú eres su hijo.

 Los congregó y lo atestiguaron. Los tres hombres, entonces, sacaron un saco que contenía treinta mil dinares, joyas y metales preciosos. Dijeron: 

– Tu padre nos había dado esto en depósito. 

Se marcharon y se le presentó una mujer que le compró parte de aquellas joyas por valor de quinientos dinares, ofreciéndole por ello tres mil. Se lo vendió. Inmediatamente después el hombre tomó los quinientos dinares que le había prestado su amigo, se los llevó a éste y le dijo: 

– Toma los quinientos dinares que te pedí prestados. Dios me ha favorecido y me ha puesto en situación desahogada – El amigo le replicó: 

– Yo te los he regalado deshaciéndome de ellos. Quédatelos y llévate esta hoja, pero no la leas hasta que hayas llegado a tu casa y entonces obra según lo que en ella se dice. 

El hombre cogió el dinero y la hoja y se marchó a su casa. Al abrirla encontró escritos estos versos: 

Los hombres que te visitaron eran de mi familia: 
mi padre, mi tío paterno, mi tío materno Salih b. Alí.
Igualmente has vendido al contado a mi madre; 
las riquezas y las joyas te las he enviado yo. 
No he querido capitidisminuirte con esto: 
he querido evitarte el riesgo de la vergüenza.

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Benicio
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