Cosroes, Sirin y el pescador

Cosroes, Sirin y el pescador
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Cosroes, Sirin y el pescador

Relato extraído de

Las mil y una Noches

Se cuenta que a Cosroes, que era un rey de reyes, le gustaba mucho el pescado. Cierto día estaba sentado en su habitación con Sirin, su esposa, cuando se presentó un pescador con un pez muy grande que regaló al soberano. Éste, admirado de tal presente, mandó darle cuatro mil dirhemes. Sirin, le dijo: 

– ¡Qué feo es lo que haces!

– ¿Por qué?

– Porque si después de hoy regalas a uno de tus nobles esta suma, la tendrá en poco diciendo: “Me ha dado la misma cantidad que regaló al pescador”. Si le das menos dirá: “Me desprecia, puesto que me da una suma inferior a la del pescador”. – Cosroes contestó: 

– Tienes razón, pero está mal que los reyes retiren los dones que han dado. Ahora ya está hecho. – Sirin le dijo: 

– Yo idearé el modo de que puedas recuperar tu regalo.

– ¿Cómo lo harás?

– Si quieres verlo, llama al pescador y pregúntale: “¿Este pescado es macho o hembra?” Si te dice que es macho, dile que lo queríamos hembra y si te dice que es hembra, dile que lo queríamos macho.

 Cosroes mandó que alcanzasen al pescador. Le hicieron volver atrás. Era un hombre inteligente y listo. Cosroes le preguntó: 

– ¿Este pescado es macho o hembra? – El pescador besó el suelo y contestó: 

– Este pez es hermafrodita, no es macho ni hembra.

Cosroes se rió de estas palabras y mandó que le diesen otros cuatro mil dirhemes. El pescador fue a buscar al tesorero, tomó los ocho mil dirhemes, los colocó en un saco que llevaba, se lo echó a la espalda y se dirigió hacia la salida. Se le cayó un dirhem y el pescador se quitó el saco, se inclinó y recogió el dirhem. El rey y Sirin le estaban contemplando. Ésta dijo a aquél: 

– ¡Rey ! ¿Has visto la avaricia y la bajeza de este hombre? Se le cae un dirhem y no es capaz de dejarlo para que lo recoja uno de tus criados. — Al oír estas palabras el soberano montó en cólera y dijo: 

– ¡Sirin! ¡Tienes razón! – y mandó que le recondujesen al pescador. Le dijo: – ¡Villano! ¡Tú no eres un hombre! ¿Cómo te has quitado ese saco del hombro para inclinarte a recoger un solo dirhem? ¡Eres demasiado avaro para dejarlo ahí!, ¿eh? – El pescador besó el suelo y le dijo: 

– ¡Que Dios prolongue la vida del rey ! Si he levantado del suelo ese dirhem no ha sido por el valor que pueda tener; lo he recogido porque en una de sus dos caras está la efigie del rey y en la otra su nombre: he temido que alguien lo pisara sin darse cuenta. Esto hubiese constituido una afrenta para el nombre o la figura del rey y yo hubiese sido el culpable.El soberano se admiró muchísimo de las palabras que acababa de pronunciar y mandó que le diesen otros cuatro mil dirhemes. Después ordenó que los pregoneros proclamasen por todo su reino: «¡Que nadie se deje guiar por la opinión de su mujer! Quien la sigue pierde con cada dirhem otros dos» .

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