Un día… Vimos una película.

Un día… Vimos una película.
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Un día… Vimos una película.

Ese día no tuvimos ganas de salir. Hacía rato que no veíamos una película juntos, y decidimos quedarnos. El día estaba frío,  así que nos acomodamos cerca de la chimenea y preparamos todo.

Ella me invitó a ponerme cómodo, como ella. Eligió una de las películas que me gustan, de acción. Nos sentamos en el sofá y se recostó sobre mi. Y dijo con dulzura algo como “ya estamos listos para ver una peli en casa”. 

La película comenzó y ella sonreía, pero para mí, de pronto todo se quedó en silencio. Si giraba mi cabeza me encontraba con su cabello y esa frescura que siempre emanaba de él, me sentía realmente extasiado. Noté, (con cada parte de mi cuerpo, por cierto) que su ropa cómoda para mirar una peli era increíblemente provocadora. Yo repetí en mi mente “Mirar una peli”, “Mirar una peli”, unas cuantas veces, aunque mis ojos no se apartaban de ella. Creo que finalmente lo dije en voz alta porque se sonrió y volteó hacia mi. Le sonreí algo avergonzado por mi liviandad y le dije que me gustaba su atuendo. Ella sonrió, disfrutaba seduciéndome… y se satisfacía viéndome caer rendido a sus encantos. 

¡Pero claro que me gustaba su atuendo! Su blusa apenas cubría su busto y el short… el short era más bien ropa interior. Respiré profundo y me pregunté “¿En serio tengo que mirar la película?”. Y mientras intentaba hallar respuestas en mi mente, dejé que mis manos la acariciaran. Ella se acurrucó y exclamó un largo  “mmm”.

Ella comentaba las escenas, mientras yo deslizaba las yemas de mis dedos en su abdomen tibio, lentamente desde el borde del short hasta rozar sus pechos. Me habló un par de veces, pero no le presté atención, aunque mi mente estaba en ella, en cada parte de ella. “Estas distraído” dijo, pero claro, ella no podía imaginar ni por un momento lo enfocado que yo estaba. Me incliné hacia ella y le susurré en el oído: “tengo un ojo en la película y todo lo demás en ti”. El rubor cubrió sus mejillas y mientras le besaba el cuello mis manos, ya sin control, se colaron bajo la blusa llenándose de ella. 

Y suspiró. 

Y arqueó su espalda. 

Y el elástico de su short ya no era un límite para mis manos.

Y detuvimos la película.

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Benicio
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