Un día… Tenía ganas de un beso

<strong>Un día… Tenía ganas de un beso</strong>
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Un día… Tenía ganas de un beso

Estaba terminando de hacer algunos de los pendientes. Y me habían dado unas ganas locas de besarla. Ella trabajaba, interrumpirla no era una opción, sin embargo, la imagen de su boca, su sonrisa, su mirada brillante, no salían de mi mente. Me detuve unos instantes y cerré mis ojos. 

La imaginé mirándome a los ojos, y yo acercándome muy lentamente a ella, sin soltar su mirada. Llevando mis manos a sus mejillas y con delicadeza acariciar su rostro. Y sin dejar de mirarla a los ojos, dejar que mi pulgar recorra sus labios. Para deslizar, luego, mis dedos entre su cabello, y acercarla a mi. 

Podía hasta sentir su aliento en mi piel. Rozar su nariz con la mía. Y acariciar sus labios con los míos.

Suavemente.

Conozco tanto sus reacciones que imaginé sus manos en mi espalda. Su pecho contra el mío. Mientras mis labios entreabriéndose comenzaron a cubrir los suyos, y su boca me seguía, respondía. La punta de mi lengua rozaba la comisura de sus labios; a la vez que mis manos bajaban por su espalda y la acercaban aún más a mi.

Mi lengua recorría sus labios. Y se escabulló entre ellos hacia su interior. Dios! ¿Hay algo más bello que estar dentro de ella? ¿Existirá una sensación más sublime que la de estar  unidos?

Toda su boca es mía, su lengua me atrapa, me invade. Y sus dedos se hunden en mi espalda. Su aliento es el mio. Y el mio es el suyo. En ese punto donde soy más de ella que mío, es donde me siento completo, pleno, feliz. Mis manos subieron por su espalda hasta su rostro. Mis labios sobre los suyos.

Abrí los ojos. Ella estaba frente a mí, sonriendo. Y se acercó lentamente. Yo la sentía en todo mi cuerpo. “¿Me das un beso?” me dijo. Respiré profundo y la tomé entre mis brazos.

Esa mujer, desde que entró en mi vida, ha hecho realidad cada uno de mis sueños.

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Luna

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