Un día… Solo quise bailar con ella

Un día… Solo quise bailar con ella

Un día… Solo quise bailar con ella

Esa mañana al levantarme sonó una canción y, en mi mente, la idea de bailar con ella se instaló al instante. Fui a buscarla y al verla ante mí le sonreí. La invité a acercarse un poco más. Me incliné hacia ella y le susurré “Baila conmigo”. Ella sonrió. Tomé sus manos y me metí entre sus brazos. Me aferré a su cintura y oculté mi rostro en su cuello. Respiré su aroma… tan solo unos instantes mientras nuestros cuerpos ya se mecían al ritmo de la música.

Era un blues lento. Con una letra muy simple. Me gusta la simpleza y ella lo sabe. He aprendido que la belleza se oculta en las cosas más simples, solo hay que saber encontrarla. Esa letra, en su simpleza, decía mucho de nosotros, o por lo menos así lo sentí en ese momento y quise compartirla con ella. 

Mi mano aún en su cintura se movía muy lentamente. La música ya estaba terminando y nuestros cuerpos seguían meciéndose. Al bailar con ella, con estos movimientos acompasados, suaves, su cuerpo y el mío parecen uno, es como hacer el amor. Respiré profundo y me dije “Hoy voy a comportarme”

Tomé su rostro, lo levanté hacia mí y mi pulgar recorrió sus labios. 

Me incliné hacia ella y alcancé sus labios. Los cubrí con los míos que se entreabrieron para abarcar toda tu boca. Su boca se entregó a la mía. Siento que ella es tan mía. Me vuelvo loco tan solo con un beso. Algún día esa mujer va a tener que decirme la verdad sobre lo que ha hecho conmigo.

Mi lengua recorrió su boca y la suya invadió la mía. Me quitó el aliento. Y ella lo sabía. Lo disfrutaba. Pero yo ya había decidido que esa mañana sí que iba a comportarme. Apenas a un aliento de su boca le susurré mi deseo de que tenga un buen día… Ella sonrió. Besó mi boca nuevamente y se alejó apenas de mi rostro y luego de mirarme a los ojos me abrazó fuerte. 

¡Dios mío… la amo tanto! Me dije una vez más “Hoy voy a comportarme”

Tomé sus caderas y la acerqué a mí. La fina tela de su vestido parecía desaparecer entre nuestros cuerpos. Ella sintió los efectos de ese beso presionando contra su vientre y me miró de nuevo a los ojos. Pude ver lo que ella estaba pensando “solo fue un beso”. Sonreí y ella sonrió con complicidad. Le dije que tenía muchas ganas de bailar con ella, pero que en ese momento era mejor que siguiera con sus cosas, porque si se quedaba frente a mí… ya no podría comportarme.

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