Un día… Recorrí La línea Rosa 

Un día… Recorrí La línea Rosa 
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Un día… Recorrí La línea Rosa 

Así es cómo mencionan en una película muy conocida al Meridiano de París. Este meridiano fue anterior al de Greenwich y era el que hasta 1884 se tomaba como el meridiano cero, el que divide al mundo en dos. 

Ese día, al verla a mi lado en la cama, no sé cómo, ni porqué, pero una línea invisible se dibujó desde su boca hasta su pubis. La línea rosa.

Salí al jardín, tomé unas flores del cerezo y las puse en la cama junto a ella, que me miraba con una sonrisa. A medida que la iba desnudando, esa línea rosa aparecía ante mí llenándome de deseo. Siempre he disfrutado desvestirla. Descubrila. Pero en ese momento estaba absolutamente extasiado.

Tomé una de las flores y la puse sobre sus labios  “¿qué haces?” preguntó ella sonriendo. Yo solo crucé mi dedo en mis labios indicándole que no diga nada. Tomé otra flor y la coloqué en su cuello, en ese espacio que se forma entre las clavículas. “solo no te muevas” le dije en voz baja. Deslicé mi dedo desde la flor hasta el centro de su pecho y dejé otra flor allí. Dejé otra al final de su esternón. Y no pude evitar deleitarme con sus respuestas. Su temperatura aumentó, su respiración se aceleró considerablemente. Contemplé mi obra. La miré a los ojos. 

Deslicé nuevamente mi dedo sobre su piel, hasta su ombligo. Ella se estremecía mientras yo acomodaba una flor más. “Solo un poco más” susurré mientras mi mano se desplazaba despacio por su vientre, dejé una flor más. Podía sentir que ella temblaba de deseo. Mi pecho explotaba también. Seguí el camino de flores rosadas. desde su vientre hasta sus labios… Mi Línea Rosa. No me había dado cuenta que eran tonos diferentes de rosa, pero era sin dudas esa línea imaginaria que divide el mundo, mi mundo, en dos hemisferios. Recorrí con la mirada una vez más el sendero de flores. Tomé una más y la dejé en la parte más profunda de su pubis. 

Contemplé mi obra. Era perfecta. Ahí estaba mi camino favorito. Esa Linea Rosa que he recorrido una y otra vez, yendo y viniendo de norte a sur, de vez en cuando con algunas desviaciones para escalar sus cumbres. Ella murmuraba mi nombre, suena tan bien en sus labios cuando el deseo la invade, me resulta irresistible. 

Abrí sus muslos, me acomodé entre ellos y disfruté la belleza que había creado. Es que esa mujer es la belleza pura, y difícilmente uno pueda hacer algo que no sea arte sobre esa piel tan suave y deliciosa. Esa Línea Rosa era mi camino. Mi rostro se deslizó entre sus muslos. Ella se sobresaltó al principio, y al sentir mis labios sobre su piel todo cuerpo comenzó a temblar. Adoro cuando tiembla en mis manos.

“No te muevas” le susurré y soplé suavemente la primera flor. no sé si los pétalos que la acariciaban mientras caían de su cadera, o quizás fue el que mi boca se hubiera instalado en el sitio que la flor dejó vacante… en realidad no estoy seguro, pero su boca soltó un sonido que quebró en pedazos mi cordura… 

El control se me escapaba de las manos y mi cuerpo a gritos pedía por ella. Aún así, soplé la segunda flor, y al rozar su piel noté que su vientre ardía. Cuando mi aliento barrió la tercera flor, toda su piel se estremeció, y me adueñé de su ombligo. Su cuerpo se movía sutilmente… y el mío estaba en llamas.

Soplé la siguiente flor, y sin poder evitarlo, me desvié a sus cumbres. Sus sonidos, y sus movimientos se intensificaban poco a poco. Mi cadera se apoyó en la de ella, sin que yo pudiera evitarlo. Ya no podía… y mientras soplaba la siguiente flor, me movía contra su cuerpo, presionándola. La flor en su cuello se deslizó suavemente por sus hombros. mi boca se abrió sobre piel humedeciéndola. Y sus piernas se enredaron a mi alrededor. Estaba agitada. Me miró a los ojos, no dijo nada pero no hizo falta. La última flor abandonó sus labios y me interné en su boca. Sus brazos me envolvieron con urgencia. Y nuestros cuerpos enseguida perdieron las fronteras… 

Las flores estaban esparcidas en la cama, pero mi Línea Rosa seguía ahí, marcando el camino más hermoso que he recorrido en mi vida. Esa línea imaginaria que empieza y termina en sus labios.

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