Un día… No quise distraerla

Un día… No quise distraerla
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Un día… No quise distraerla

Esa mañana, yo regresaba de la calle y mientras venía caminando la venía dibujando en mi mente. Sentada en su mesa de trabajo, con un sweater fino y amplio y unas leggins. Descalza con unos zoquetes porque hacía frío. Su taza del gato enojado con café ya casi frío y concentrada en sus múltiples tareas simultáneas.

Al llegar  me acerqué a ella con sigilo, me preguntaba cuánto tardaría en notar mi presencia. Aunque conociéndola, sabía que no demoraría mucho. De hecho, en cuanto me vio, dejó su silla y se acercó a mí, llevó sus brazos alrededor de mi cuello y los míos se deslizaron lentamente envolviendo su cintura. Ella en puntas de pie, se estiraba para alcanzar mis labios y yo le sonreí inclinándome hacia ella. Sus dedos se movieron entre mi cabello cuando mi boca se apoderó de la suya. 

Se alejó apenas un poco y me dijo que aún tenía para un rato. En silencio tomé su mano y caminé hacia su silla, me senté frente a su mesa de trabajo y la acerqué a mí. Ella sonrió “¿Que haces?” me preguntó. Tomé sus caderas y la conduje a mi regazo, ella se dejó llevar y se sentó sobre mí. Acerqué la silla a su mesa de trabajo y mientras mis manos se deslizaban por su piel bajo su sweater, besé su espalda. Me preguntaba si acaso ella podía sentir mi aliento tibio a través de la tela… Corrí a un lado su cabello y susurré en su oído “Continúa. Tú sólo concéntrate en tu trabajo. Yo me concentraré en tí.”

Dios, el calor de su piel era delicioso. Me pregunté entonces si esas leggins que vestía serían lo suficientemente amables para dejar que mi mano se deslice en su interior. “Pero amor… no te detengas por mí. Continúa.” murmuré con mis labios en su cuello “Tú sólo haz tu trabajo.” Agregué mientras mi rostro rozaba su hombro, su espalda… “Yo sólo quiero acompañarte un rato.” Ella estaba en silencio. Quizás por la sorpresa. Quizás por lo que estaba sintiendo. “mmmmm” Dije en voz baja cuando descubrí que sí podía acariciarla bajo las leggins. Su vientre tibio en la palma de mi mano era una invitación a la locura.

“No te preocupes, mi amor, no voy a molestarte…” susurré una vez más. La acaricié bajo su ropa, suavemente… el encaje de su ropa interior ajustaba mis dedos… Y en ese momento quise saber hasta dónde podría llegar mi mano… ¿qué tan permisiva sería esta tela? “Tú no te distraigas.” dije sonriendo al notar que ella no solo no mostraba interés en su trabajo, sino que toda su atención estaba puesta en mí, en mis manos que la estaban explorando. Sus muslos se separaron lentamente. Sentí que se recargaba en mí, su cabeza se hizo hacia atrás sobre mi hombro. “mmmm” exclamó ella.

Me di cuenta que no estaba funcionando… así no podría terminar su trabajo. Tal vez no fue una buena idea ir a darle un beso… encima, a esas alturas,  yo  sabía a ciencia cierta que su ropa era lo suficientemente gentil como para dejarme llegar a cada parte de su cuerpo. 

Eso me instaló un dilema. ¿qué debería hacer?

Segundos después, cuando ya había sacado mi mano de su pantalón, ella se puso de pie, tomó mi mano y me llevó al cuarto, respondiendo mi inquietud.

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