Un día… Me puse algo nostálgico

<strong>Un día… Me puse algo nostálgico</strong>
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Un día… Me puse algo nostálgico

Era uno de esos días en que tan solo ver una foto, o recorrer un camino conocido nos lleva a revivir esos momentos en que apenas dábamos nuestros primeros pasos, inseguros y temerosos, acercándonos el uno al otro.

Esos tiempos en que pensar en nuestros cuerpos desnudos era tan lejano, que no se me hubiera podido ocurrir algo así en aquel momento. Y sin embargo, todo en mí estaba en plena ebullición.

Leyendo alguna de nuestras cartas, pensaba en qué forma iba seleccionando las palabras para expresar lo que sentía, lo que deseaba. Lo que ella provocaba en mi. En una hablaba de un beso, en otra de un roce. Mencioné alguna que otra fantasía que deambulaba en mi mente. Recuerdo sentir en esos momentos que me estaba liberando, que estaba de alguna manera “desamarrándome”,  poco a poco y a pesar de intensidad que transmitían esas líneas (que es la que llevaba dentro entonces), fui capaz de seleccionar cuidadosamente las palabras. 

Recuerdo que aún antes de entregarle la carta, y luego de haberla releído una y otra vez, dudé temiendo ofenderla. Incluso luego de respirar profundamente y dejar la misiva en sus manos, di vueltas y vueltas en la cama temiendo que al conocer mis deseos, mis ansias, y todo ese causal de sensaciones que me provocaba, te sintieras abrumada.

Llevábamos poco juntos, es cierto… Dos meses quizás… Y sin embargo lo que me hacía sentir era tan intenso…. Tan nuevo. Quería que lo supiera, que lo sintiera como yo.

Desde un primer momento pude ver en sus temores, en sus huidas, en sus silencios, que había algo que le estaba impidiendo sentir. Por eso siempre me dejé guiar por ella, por sus tiempos.

Aunque -y me sonreí al releer esa carta- a veces me ganó lo que llevaba dentro. Se la mostré y al leerla se sonrojó, como hace años… como en esos primeros tiempos. Al mirarla parece que es la misma mujer de entonces, cuya ingenuidad me cautivó desde el primer instante. 

Una vez me dije, que siempre, y más allá de mi deseo, de mis ansias y necesidades, lo primero sería ella. Que siempre la priorizaría, independientemente de lo que yo pudiera desear. 

Es lo que hice. Darle su tiempo, seguir sus pasos, dejar que se acerque a mi. Y que me vaya liberando poco a poco. Y no puedo decir que  fue paciencia… No. Fue amor. La miro, sonrío, la amo. Es amor. Es respeto. Es querer tenerla a mi lado y descubrir de su mano todas las formas de amarnos. 

Es simplemente. . . esperar el momento indicado. La observo, está perdida en nuestros recuerdos, en nuestras fotos, me comenta, sonríe. Brilla. Me gusta el hombre que soy cuando estoy con ella. Me gusta el hombre en el que me he convertido a su lado.

Nuestro crecimiento es mutuo. No puedo más que estar agradecido por todos y cada uno de los momentos que ese día teníamos en nuestras manos. 

Ella me ha liberado de muchas maneras. 

Y eso es algo que también tengo que agradecerle.

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