Un día… Desperté sobresaltado

Un día… Desperté sobresaltado
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Un día… Desperté sobresaltado

Ya la luz del sol se colaba por la ventana anticipando que el nuevo día comenzaba. Mi corazón latía acelerado, no sé qué fue lo que me despertó. Nunca pude recordar los sueños. Pero lo primero que vi al abrir los ojos fue su cuerpo desnudo asomando bajo la manta. Respiré profundo y agradecí el milagro de tenerla a mi lado. 

Extendí la mano y dejé que mis dedos se metieran entre tu cabello, lo tomé suavemente, lo llevé a mi rostro y dejé que su aroma se apodere de mis sentidos. Luego, lo hice a un lado con delicadeza, descubriendo  su espalda. Recuerdo que en ese momento mi mente se inundó de imágenes de la noche anterior, su mano despertándome tan solo con su dedo deslizándose en línea recta por el centro de mi torso. 

Mi mano entonces, emulando el movimiento de la suya, comenzó su camino detrás de su oreja. Despacito, siguió por su nuca, y por el centro de su espalda, bajando lentamente a su cintura para perderse, tímidamente, entre sus nalgas, siguiendo su forma hasta el final buscando  entre tus muslos el camino secreto que me lleva a mi destino.

Dios! Esta mujer me vuelve tan loco… 

Mi dedo volvía por el camino que trazó, subiendo lentamente por el centro de su espalda hacia su cuello. Me acerqué a ella, necesitaba besar su cuello, su piel, cada rincón de su cuerpo. La abracé y me pegué a esa mujer, ya dejando las sutilezas de lado. Ella se movió hacia mí. Me había sentido. “Mmmm” dijo, mientras hacía a un lado su cabeza para recibir más de mis besos. Y por supuesto yo no podía defraudarla… Porque estoy lleno de besos para ella.

Y entonces volteó su rostro hacia mi, hundió sus dedos en mi cabello, y asaltó mi boca, dándome los buenos días. Y entre sus labios balbuceo mi “buenos días” . Amanecer a su lado es algo tan maravilloso! Apenas abro los ojos su silueta bajo las mantas, su calidez envolviéndome…  El sonido de su respiración, todo de ella me llena de dicha.

Me había olvidado ya a esas alturas del sobresalto. Y de la curiosidad por saber lo que soñaba. Yo no recuerdo mis sueños, pero. . . ¿quién quiere recordarlos cuando ante mis ojos tengo la belleza más preciada que podría llegar a soñar?

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