Un día…Comprendí que nunca será solo un beso

Un día…Comprendí que nunca será solo un beso
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Un día… Quise darle sólo un beso

Ese día, solo quería darle un beso…

La noche anterior, al besarla antes de dormir, me di cuenta que no me alcanzaba. Quería más de su boca. Y es que me encanta besarla. Así que esa mañana la busqué y antes que continúe con su día, le pedí que se parara cerquita, muy cerquita de mi. Tan cerca que sienta mi pecho contra el suyo en cada respiración. Ella se acercó lentamente y yo di un paso más a sabiendas que si se ponía colorada, era seguro que iba a sentir mucho más que mi pecho contra su cuerpo.

Ese cabello que sostenía detrás de su oreja y que suele caer hacia su rostro cuando baja la cabeza algo tímida, lo llevé con delicadeza detrás de su hombro para que toda su carita hermosa esté ante mis ojos. Tomé su rostro por la barbilla y mientras mi pulgar acariciaba sus labios como me gusta hacer, mi mano se deslizaba suavemente por su cintura. Su boca se sonrió y mi pulgar quedó entre sus labios. 

Yo sabía lo que ella pensaba, ella sabía lo que yo deseaba… Sus párpados cayeron suavemente. Absolutamente irresistible. Me acerqué a su rostro y rocé su nariz. Mi mano bajó a sus caderas moviéndose despacio. La acerqué a mí cerrando mis dedos sobre su carne.

¡Qué delicia!

Mi cuerpo despierto contra su abdomen le deja muy claro lo mucho que callo. Le susurré en sus labios que me vuelve loco y devoré con ternura apasionada su boca. Sus labios se abrieron y succionaron mi labio inferior. 

¡Vaya treta! 

Mis manos en sus caderas alcanzaron el límite de su ropa, y es que esa pequeña falda blanca me invita a explorar todos sus rincones Invadí su boca y sus brazos se enroscaron alrededor de mi cuello… sus manos entre mi cabello…  

¡Dios! 

¡Esa mujer me enloquece! Quise dejar que siga con su día… pero ya no podía. . . Ella lo sabía y lo disfrutaba. Mis manos la tomaron con firmeza y la acercaron más a mi cuerpo,  sus piernas se abrieron y me abrazó con ellas. Se movía sobre mí y yo ya no podía pensar… 

La senté sobre el mueble, los cuadros y adornos cayeron. Sus piernas no me soltaban, mis manos se deslizaban sobre sus muslos, la cara interna estaba ardiendo. Mis manos se hundieron en sus ingles abriendo el camino. Sus manos en mi nuca se tensaron. Todo mi deseo urgente y desesperado se movía dentro de ella. Me abrazaba tan fuerte con sus piernas, con sus brazos y yo que no puedo contenerme con ella. Mis dedos se enredaron en su cabello, acerqué su rostro y la besé con locura… Sus dedos entre mi cabello se cerraron, sentí sus manos tensas y me moví profundamente. Acaricié el cielo poco antes de exhalar en el hueco de su cuello toda la pasión que dejé dentro de ella.  Cerró sus brazos con fuerza a mi alrededor y me dijo que me amaba… Me temblaban las piernas, me recargué en ella…. Me abrazó con sus piernas y con sus brazos: mi koala, mi amor, mi mujer.

Algunos minutos después, yo apenas recuperaba mi aliento, ella sonrió y mordió su labio inferior. Yo  estaba agitado.  Me miró sin soltarme, se acercó a mi oído y susurró algo así como que recupere mis energías. Lo único que alcancé a escuchar con su voz más dulce antes que se marchase fue… “después seguimos”

Dios mío… 

Yo solo quería darle un beso.

¡Qué beso!

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