Ulises y Cirse

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Ulises y Cirse

Circe, hija de Helios, el sol, y Perseis, una oceánide, era una hechicera que convertía en animales a quienes la ofendían, dándoles a beber pociones mágicas. Vivía en la isla de Eea en una mansión de piedra en medio de un bosque, rodeada de animales salvajes, como leones y lobos, que no eran más que sus víctimas transformadas, por lo tanto, no eran peligrosos.

Cuando Ulises y sus hombres, después de perder todos sus barcos, excepto uno, llegan a la isla de Eea, se quedan en la orilla durante algunos días con la esperanza de evitar a la peligrosa bruja Circe que sabían que habitaba en la isla. Finalmente Ulises estima que debe enviar una patrulla de exploración. Él y Euríloco, su segundo al mando, dividen a los hombres y sortean las tareas. Finalmente Euríloco y su grupo de hombres salieron a explorar la isla.  

Guiados por una suave voz, llegaron al palacio de Circe en la profundidad del bosque, y descubrieron que estaba rodeado por leones y lobos. Aunque temían a las bestias, los hombres respondieron a esta hermosa voz y se fueron acercando encantados por ese sonido melodioso que escuchaban venir desde el interior del palacio. Circe apareció en la puerta y los invitó a pasar. Sólo Euríloco se quedó afuera porque olió una trampa. La hechicera les ofreció un banquete, los sentó en su mesa y les sirvió un preparado de queso, cebada y miel mezclados en vino pramnio. Los hombres bebieron alegremente, pero como la comida estaba envenenada con una de sus pociones, los marineros se convirtieron en cerdos. El suspicaz Euríloco fue el único que, habiendo advertido el peligro, logró escapar del encantamiento. Pero vio todo esto y horrorizado, corrió de regreso al barco para contarle a Ulises lo que había ocurrido. 

Al oír a su segundo, el héroe se armó y le pidió a Euríloco que lo guiara hasta Circe, pero el aterrorizado Euríloco se negó. Ulises no se lo pensó dos veces, partió solo y fue en busca de la maléfica bruja para deshacer el entuerto. En su camino hacia el palacio de la hechicera, iba pensando la manera de vencerla sin caer en la misma trampa que sus hombres. No iba a resultar una tarea sencilla dada la extraordinaria habilidad de la hechicera. 

Pero antes de que pudiese precipitarse hacia el abismo, se le apareció el dios Hermes quién le ofreció su ayuda. Según le dijo había un antídoto para contrarrestar el hechizo. Ulises debía mezclar la pócima con el polen de una planta llamada moly que le fue proporcionada por el propio dios mensajero.

Tal y como se esperaba, la hechicera recibió a Ulises en su palacio y le dio a beber de su brebaje. Ulises tomó la precaución de mezclarlo con el polen antes de ingerirlo con total tranquilidad. La desconcertada Circe se dio cuenta de que su hechizo no ocasionaba ningún cambio en el héroe griego. Entonces Ulises sacó su espada y amenazó a la bruja para que liberara a sus hombres del encantamiento. La maga no tuvo más remedio que obedecerle. A pesar de no sentir un especial amor por la raza humana, Circe se involucró sentimentalmente con el Ulises, no pudo evitar caer bajo los encantos del héroe y se enamoró de él. 

La hechicera devolvió la forma humana a la tripulación, pero empleó su poder de seducción para mantener a Ulises y a sus hombres retenidos durante un año en la isla de Eea. Prisionero, ya que aun si no fue convertido en cerdo, finalmente también acabó cayendo bajo la seducción de la enigmática bruja, al cabo de un año Ulises imploró a Circe que le dejara marcharse a su Ítaca, y la hechicera aceptó. Le indicó que debían navegar más allá de la isla de las sirenas y les dio instrucciones de cómo pasar de forma segura. Luego los envió con un viento favorable.

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