Superar una relación rota

Superar una relación rota
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Superar una relación rota

Cuando iniciamos una relación amorosa, nos colocamos en una posición doble: el vínculo nos otorga un lugar en la vida del otro y a la vez pone al otro ocupando un lugar en nuestra vida. El afecto que tenemos lo depositamos en esta persona, y nos nutrimos del afecto que esa persona pone en nosotros. Esto es algo que se da en todo tipo de vínculos, en el caso de la relación amorosa, vamos a hablar de la posición de amante y de amado.

El vacío que deja

Pareciera lógico entonces, que ante este panorama, cuando la relación se rompe, lo que percibimos dentro de nosotros es un gran vacío. Un vacío cuya intensidad radica precisamente en que no solo esa persona ya no está más en nuestra vida, y su lugar en nuestra vida está vacío; sino que, además, nosotros ya no tenemos ese lugar que teníamos en la vida del otro y eso también nos provoca un vacío. No obstante, lo que sucede es que al salir esa persona de nuestra vida, todo ese afecto que le teníamos, queda dentro de nosotros dando vueltas… desbordándonos. Sentimos un vacío enorme, pero estamos lleno de un amor que ya no podemos dar.

Vivir el duelo

Por lo tanto, superar una relación rota, sería transitar durante un tiempo con ese vacío interno hasta que logremos reacomodar las cosas, reubicando todo ese amor, nuestros sentimientos, haciendo que esa sensación de vacío poco a poco se vaya diluyendo, generando de esta manera la posibilidad de volver a comenzar. Este proceso lo conocemos como duelo. Cuando hablamos de duelo, no nos referimos solo a la muerte del otro, sino a la pérdida, que puede ser tanto una persona, como un trabajo, etc. El proceso de asimilación de la pérdida, es doloroso y requiere de mucho trabajo personal.

¿Un clavo saca otro clavo?

Con esto planteado, resultaría acertado pensar que una vez que la relación se rompe no es recomendable iniciar una nueva relación procurando que otra persona llene ese vacío. Esa vieja frase de un clavo saca a otro clavo no tiene lógica en temas de afectos, por lo tanto, ese no es el camino para superar una ruptura.

Y aún así, el lugar que perdimos en la vida del otro suele ser ofrecido, por alguien cercano, a veces inconscientemente, a veces con intención, y caemos en la ilusión de sentirnos bien y recuperados porque de alguna manera encontramos a alguien que puede ubicarnos en ese lugar perdido.

Si duele… es difícil poder amar a otra persona

Estos son esos casos en que, en medio de nuestra tormenta emocional, de nuestra sensación de desamparo y vacío, de nuestra vulnerabilidad, caemos en una relación nueva cuando aún no hemos superado la anterior. Tal vez esa persona sí nos ama y si nos ubica en ese lugar de ser amado, por lo que ese vacío que sentíamos respecto del otro podría llegar a colmarse. Pero dentro nuestro el vacío que la ausencia de aquella persona ha dejado aún sigue doliendo y mientras sigue doliendo es difícil poder amar a otra persona.

Sin duelo no hay futuro para otra relación

La tendencia suele ser buscar el alivio, uno siempre busca salir del dolor, y con frecuencia lo hacemos aferrándonos a quien nos ofrece el lugar de ser amado, pero si nosotros no estamos aún listos para amar de nuevo, si no terminamos de transitar nuestro duelo,  esa relación no tendrá futuro.

Por esto decimos que la mejor manera de superar una relación rota no es iniciar una nueva relación, el camino, en cambio, es transitar el duelo. Esto va a implicar un proceso doloroso y reflexivo. Doloroso, porque esa sensación de vacío que llevamos dentro sin la persona amada, ese amor que nos deja dentro esa persona a la que amamos, suele ser asociado al dolor. Reflexivo, porque plantearnos los errores cometidos, las posibles imprudencias, las deslealtades, las faltas de atención, y todas aquellas cosas que pudieron haber socavado de alguna manera nuestra relación, va a permitir que comprendamos y aprendamos cómo entablar una relación más exitosa la próxima vez.

Las fases del duelo

La doctora Elizabeth Kübler fue una psiquiatra enfocada en el estudio de la muerte, en su libro Sobre la muerte y los moribundos ella plantea Que el proceso del duelo tendría cinco fases: Negación y aislamiento, ira, pacto, depresión y aceptación.

Negación y aislamiento

Para quienes han atravesado una ruptura amorosa, es sencillo reconocer la fase de negación y aislamiento, simplemente nos cuesta reconocer que todo ha terminado. Suele ser la fase en la que aún estamos enganchados, y le escribimos mensajes o llamamos por teléfono, o incluso, sin llegar a eso, silenciosamente seguimos a nuestros ex en las redes sociales.

Ira

A la negación le sigue la ira, es el momento en el que, habiendo asumido que negar lo innegable no tiene sentido, nos enojamos. Y el encono no es solo con nuestra ex pareja sino que estamos enojados con todos, con el mundo. Enojados por la pérdida, enojados por el fracaso de la pareja, enojados por la mala elección que hicimos, enojados por lo que nos hicieron, enojados por sentirnos tan mal… En fin, es una etapa en la que lo único que podemos sentir es ira y esta ira, con frecuencia, se manifiesta con nuestras familias, con nuestros hijos (si los hubiera), con amigos (muchas veces amigos en común). El ex pasa a ser un demonio del que solo recordamos las peores cosas, y que solo nos provoca desprecio.

Pacto

Luego llegamos a la siguiente etapa que es la del pacto, la negociación. Acá, estamos ya dispuestos, medianamente, a aceptar la pérdida pero también buscamos de alguna manera evitarla. Entonces en esta etapa, es cuando intentamos reanudar la relación comprometiéndonos a cambiar o a buscar que el otro cambie, lo que pactamos en todo caso es no romper la relación, sino obtener una segunda oportunidad, modificando nuestras conductas para que, esta vez, sí funcione.

Depresión

La siguiente etapa, la cuarta, es la fase de depresión. Es la aceptación de que el ser amado ya no está con nosotros y el dolor se hace casi insoportable. En esta fase por lo general, se produce un nuevo aislamiento. Una retracción de todos los vínculos que uno pueda llegar a tener uno se aleja de todos. Esta es la fase en la que tenemos que aprender a estar sin el otro, a vivir sin el otro, a vernos a nosotros mismos sin el otro. Y es muy difícil. Usualmente, no queremos compañía, ni consuelo. No queremos que nadie nos diga que todo va a estar bien. No queremos nada. Este es un momento absolutamente íntimo con nosotros mismos del cual solo vamos a poder salir cuando finalmente aceptemos nuestra nueva realidad.

Aceptación

Finalmente llegamos a la etapa de aceptación, también podría decirse que es una etapa de resignación, puesto que comprendemos que lo que perdimos ya no lo vamos a volver a tener; ya no hay forma de que ese objeto de amor, esa persona amada, vuelva a nuestra vida. En esta etapa aceptamos la pérdida y procuramos seguir adelante. Llegar a la etapa de aceptación también implica el comienzo de un trabajo de aprendizaje y de re-acomodación interna; aquí es cuando nuestros afectos se van re-acomodando dentro de nosotros. Todo ese amor teníamos y que nos desbordaba, comienza a recaer en nosotros mismos de manera tal que nos cuidamos, nos redefinimos, nos re-creamos, y poco a poco vamos dejando de sentir ese hueco, ese vacío que la otra persona dejó.

Para concluir, vamos a reiterar que la única forma de superar una relación rota es transitando el dolor, pero sin quedarnos en él. Capitalizando a nuestro favor todo aprendizaje que pudiera quedarnos, fortaleciéndonos, y por supuesto volviéndonos capaces de poner en juego esos aprendizajes en la construcción de un nuevo vínculo. 

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