Sobre los terrores nocturnos

Sobre los terrores nocturnos
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En ocasiones, papás y mamás de niños pequeños, y no tan pequeños, conviven con la situación desesperante de no poder evitar que sus hijos despierten aterrados en mitad de la noche o incluso que no logren conciliar el sueño debido a lo que se conoce como terrores nocturnos.

Terrores nocturnos y pesadillas no son lo mismo

Primero que nada vamos a establecer una diferenciación importante: los terrores nocturnos y las pesadillas no son lo mismo. Por un lado, porque en la pesadilla, que también es una situación aterradora que ocurre durante el sueño, por lo general se produce una reacción motora que provoca el despertar y al hacerlo el niño tiene un contacto normal con la realidad, el niño se da cuenta de que el sueño terminó y de qué lo que sucedió fue solo un sueño. Sin embargo, también puede acarrear ciertos miedos a dormir. Por otra parte, las pesadillas suelen recordarse, el niño quizás llorando, no puede relatar lo que soñó, e incluso puede recordarlo mucho después.

Cuando se trata de terror nocturno, por el contrario, el niño por lo general no recuerda el sueño pero recuerda una situación aterradora puntual en el momento de despertar, que suele ser pocas horas después de dormirse. Pero a la mañana siguiente por lo general, ya no tiene recuerdo alguno respecto de lo soñado. Algo que también suele caracterizar a estos fenómenos es que el niño despierta sumamente agitado, sudando y con un estado de ansiedad intenso. Con frecuencia, suele haber también una fijación de su mirada en un punto determinado.

Se trata de imágenes aterradoras, que irrumpen en la mente del pequeño durante el sueño, en la mitad de la noche. Dada la intensidad con la que estos eventos son vividos, pueden llegar a provocar en el niño el miedo a volver a dormir. Estos terrores pueden ser detectados a simple vista por los padres, porque los niños suelen estar inquietos al dormir. En algunos casos se repiten con frecuencia, en otros casos se presenta de manera más esporádica. Por supuesto, los padres viven estas situaciones con profundo dolor y mucha preocupación.

¿Los terrores nocturnos son hereditarios? ¿Qué los causa?

En el volumen 1 del Manual de Psicopatología (Belloc et al.,2010) Los terrores nocturnos se encuentran en La categoría de trastornos del sueño (o parasomnia) Infantil. Puesto que suelen ser más frecuentes en los niños entre los 3 y 10 años. No suele observarse más allá de la pubertad, y de ser así, en esos casos suele ser de origen psicopatológico. 

Los autores plantean que no hay una causa que pueda proponerse como única, sostienen que sí se observa cierta predisposición hereditaria, ya que en muchos casos los niños que presentan terrores nocturnos suelen tener familiares que presentan casos de sonambulismo o también terrores nocturnos. Observan también que lo que provoca el terror nocturno es una alteración en el sistema nervioso central que puede deberse a diversas causas: en primer lugar la incidencia de los factores hereditarios, también a factores emocionales, factores ambientales, químicos (es decir algunas medicaciones en especial pueden acarrear este tipo de efectos colaterales) inclusive, podría tratarse también de trastornos del despertar.

Por lo general, este tipo de trastornos va cediendo con la edad hasta desaparecer, lo que podría sugerir, según los autores, que se trataría de una falta de maduración del sistema nervioso central, y por esta razón en la mayoría de los casos no se requiere un tratamiento médico, aunque sí es aconsejable, quizás, una guía para los padres de manera que puedan estar preparados para contener al niño en el momento en el que surja el episodio. No obstante, en algunos niños, la intensidad de cada episodio suele generar mucho malestar en el propio niño y en la familia. En estos casos conviene recurrir a un profesional que realice una correcta evaluación para decidir el tratamiento adecuado.

¿Qué puedo hacer si mi hijo tiene terrores nocturnos?

Lo más adecuado y recomendable cuando los eventos se suceden con frecuencia, es anticiparse. En la mayoría de los casos los niños suelen despertar aterrados pocas horas después de dormirse, porque suele darse en la fase más profunda del sueño. Entonces una forma de evitarlo es despertando al niño antes que ocurra. Si no es posible anticipar el despertar del pequeño, y como en muchos casos es posible también notar que no se está teniendo un sueño tranquilo, se puede despertar al niño cuando se lo ve moverse más de lo acostumbrado.

Lo más importante siempre es mantener la calma, y ser para el niño el sostén y la seguridad que necesita en ese preciso momento. Y aún cuando atravesar esas crisis tan intensas, para padres e hijos puede ser realmente inquietante, no debemos olvidar que es algo muy común, y sobre todo momentáneo; sabiendo que es solo una etapa que con el tiempo irá desapareciendo, todo parecería ser un poco más sencillo. 

FUENTE

Benicio
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