Sobre la vejez

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Sobre la vejez

Viejos son los trapos
“Todo el mundo
quisiera vivir largo tiempo,
pero nadie
querría ser viejo.”

Jonathan Swift


Si en la niñez hablamos de niños; en la adultez, de adultos, ¿por qué en la vejez no podemos hablar de viejos? ¿Cuál es la diferencia que subyace a este fenómeno que muchas veces lleva a incomodidades y momentos de tensión? No es extraño encontrarse con diálogos como: “¡Dale que ya estás viejo!” “Viejos son los trapos”. ¿Por qué un “Dejá que se siente la vieja” suena tan violento, cuando uno nunca se sentiría de la misma forma al escuchar “Dejá que se siente el niño”?

La respuesta se desprende de esa cantidad de emociones y sensaciones que se perciben y se modifican conforme la edad cronológica de las personas. Por lo general, todo lo relacionado a la vejez se asocia con ideas, creencias, imágenes y sensaciones que se acercan a la muerte, la decrepitud, lo rechazado, lo evitado y “evitable” lo que aún cuando es irreversible, se lo pretende revertir. Llegando incluso a aparecer, por ejemplo, ideas de abandono o dejadez respecto de personas que no cubren sus canas con tinturas o que no intentan parecer más jóvenes empleando las nuevas tecnologías que se desarrollan a tales fines.

El viejismo es “una alteración en los sentimientos, creencias o comportamientos en respuesta a la edad cronológica percibida de un individuo o un grupo de personas”. Las cualidades de la persona son ignoradas y los individuos son etiquetados conforme a estereotipos propios de su grupo etario. Tanto cuando hablamos de creencias, como de comportamientos nos referimos a esos pensamientos o actitudes que son inconscientes y de los cuales no tenemos control. Por esta razón podemos abarcar ambos elementos con el concepto de viejismo implícito porque funcionan fuera del ámbito de la conciencia y de la intención. De esta manera, no existe una antipatía explícita hacia los viejos, debido a que los prejuicios se encuentran en la esfera de lo no descubierto o lo incontrolable.

El viejismo como construcción social abarca a todas las franjas etáreas, incluso a los viejos. Ellos también son alcanzados por estos estándares sociales en los que ellos mismos muestran cierto rechazo hacia los de su misma edad, o bien sensaciones de lástima y compasión. Y es que el viejismo implícito es silencioso y se transmite de generación en generación, y los viejos de hoy sentían en su juventud, lo mismo que sienten hoy hacia los viejos, hacia ellos mismos y hacia la vejez.

Esto provoca que muchas veces las personas mayores, por el solo hecho de ser mayores, “viejos”, ya están preparadas para diferentes situaciones, por ejemplo: enfermedades, limitaciones, estereotipación, etc. Y surgen, entonces, comentarios como “y bueno, es la edad”. La edad, el tiempo, como ese cuco que cuando aparece va corroyendo la belleza, la juventud, la salud, la vida social, la vida laboral, etc. Y eso se ve. Se siente. ¿Dónde? En el cuerpo. En el cuerpo envejecido es donde se inscriben todas las ideas viejistas que la sociedad parece imponer como condición de pertenencia. Porque no es sólo que ahora uno está viejo y se nota, el problema es cómo seguir adelante cuando se impone una marginalidad limitante que indica qué cosas se pueden hacer y qué cosas no.

Es importante tener en cuenta que todas las personas, de alguna u otra manera, están involucradas en prejuicios viejistas; la sensibilidad por la edad se suscita en el entendimiento común de los individuos, en sus sentimientos y en sus elecciones. En este sentido, siguiendo a estos autores, se puede decir que el viejismo podría tener un impacto en la cognición de los individuos, en el comportamiento y en la salud de manera inconsciente.

Ángel Moreno Toledo, un psicogerontólogo, expone que la sociedad actual está abanderada con los valores de la juventud y modernidad, privilegiando lo productivo, lo activo, lo novedoso y lo útil. En contraposición aparece un menosprecio hacia las cualidades de la vejez por la asociación que ésta tiene con la muerte, el aislamiento, la pobreza y el abandono. Ante esta situación, el profesional plantea una propuesta superadora respecto de los estereotipos sociales hacia la vejez, fomentando la información, investigación y confrontación a la sociedad con sus sesgos y temores hacia la tercera edad. Esto implica la deconstrucción de estos constructos viejistas que bloquean la posibilidad de desarrollar las potencialidades que cada uno posee. Esta deconstrucción es necesaria tanto a nivel individual, trabajar con cada viejo para acompañarlo a correrse de esos prejuicios; como así también poder trabajar sobre la sociedad y generar un cambio a un nivel más abarcativo.

Referencias :
Levy B. y Banaji M. (2004) Viejismo Implícito en Viejismo. Estereotipos y Prejuicios contra las Personas Mayores (Ageism.Stereotyping and Prejudice against Older Persons) (comp.)Todd D. Nelson. Massachusetts: The Mit Press.
Iacub, R. (2011). Identidad y envejecimiento. Capítulos 2 y 3. Buenos Aires:Paidós
Toledo, A.M. (Junio de 2010). Viejismo (ageism). Percepciones de la población acerca de la tercera edad: estereotipos, actitudes e implicaciones sociales. Poiésis.

Fuente Original




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