Sobre el bullying en la escuela y la responsabilidad de los adultos

<strong>Sobre el bullying en la escuela y la responsabilidad de los adultos</strong>
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Sobre el bullying en la escuela y la responsabilidad de los adultos

Hace apenas unos días, una mamá furiosa, desesperada, irrumpió en un aula de un colegio secundario en Río Negro, Argentina. Ella entró gritando y detrás entró su hijo. La mujer le preguntó al hijo “¿quién es?” refiriéndose al que estaba molestando al joven. El chico señaló a su compañero, quién le hacía bullying desde hacía ya más de un año, y la mujer, increpando al adolescente agresor se acercó a él y lo golpeó, en medio de un salón completamente azorado e inmóvil que no supo qué hacer. Poco después algunos jóvenes y el preceptor se fueron acercando y lograron separar a esta madre del supuesto agresor de su hijo. 

El video con las imágenes ha dado vuelta en la red desde hace varios días, pero esas imágenes no muestran la realidad de lo que sucede en algunos establecimientos escolares. Y más allá del contexto en el que pueda situarse este hecho, lo importante a resaltar aquí es el rol de los agentes educativos.

El bullying es una situación que se da en ámbitos escolares y puede describirse como una forma de abuso físico y psicológico prolongada en el tiempo. Por lo general, un miembro del grupo o varios escogen a otro por sus características de personalidad y descargan en este chico todas las frustraciones, las agresividad, la violencia qué llevan en su interior, en forma reiterada y frecuentemente progresiva.

Como estamos hablando de establecimientos educativos, se trata de niños y adolescentes menores de edad, es decir, no punibles. Por lo tanto, como agentes educativos, estamos en la obligación de velar permanentemente por el bienestar físico, psicológico, afectivo, y nutricional de nuestros niños. La existencia de este tipo de situaciones no hace más que evidenciar la ausencia, la negligencia y el desinterés de los adultos responsables, implicados en la educación de nuestros chicos.

Partamos de la base de que los niños son un reflejo de su familia y de su entorno. Con frecuencia, el niño en la escuela es absolutamente diferente a lo que es en la casa, muchos padres se sorprenden en las reuniones de padres, ante los comentarios de los docentes, porque desconocen a sus hijos en las aulas. Así mismo, muchos docentes no pueden creer que ese niño que tienen en el aula es el mismo del cual los padres se quejan por lo díscolo que puede llegar a ser en la casa. Por esta razón es importante el contacto permanente entre la escuela y la familia. Pese a que muchos padres consideran que al entrar en la escuela secundaria su hijo ya no necesita supervisión, nos damos cuenta que el acompañamiento de la familia es absolutamente necesario a lo largo de todo el período de desarrollo.

Desde la psicología se considera que un arrebato de violencia o una actitud agresiva puede manifestar una actitud del mismo tenor que el victimario ha sufrido en forma pasiva. ¿Qué significa esto? Que es muy posible que estos chicos con tendencias hacer bullying en las escuelas, sean niños que reciben agresiones y malos tratos en sus casas por sus mayores. Por esta razón, en muchos casos en los que se presentan este tipo de situaciones, tanto el agredido como el agresor resultan siendo víctimas que necesitan el acompañamiento profesional adecuado.

El bullying en la escuela es algo que se trabaja con los chicos y con los grandes mediante campañas de concientización y prevención, para poder detectarlo a tiempo y erradicarlo definitivamente. Por lo tanto, cuando este tipo de situaciones emergen en el campo educativo, y, como en este caso, con la impronta de un padre golpeando a un niño, estamos frente al fracaso absoluto de todo el sistema educativo, de los agentes educativos participantes: familia, docentes, directivos, equipo de orientación escolar, etc., todos fallaron en detectar a tiempo y cumplir su tarea.

Debemos ser responsables de nuestros actos y de nuestras omisiones; desempeñar nuestro rol responsablemente debería ser, entre otras cosas, formar niños y niñas capaces de tener empatía, respeto, reconocimiento, y solidaridad con todos sus pares. Nuestro objetivo debería ser educar jóvenes preparándolos para afrontar las distintas situaciones de su vida sin violencia, sin abusos, sin aprovecharse de los más débiles.

No es fácil. Es lógico, como venimos diciendo desde hace tiempo, educar no es sencillo, ser padres no es sencillo. Pero hoy en día, en la era de la comunicación y la información, hay numerosas formas de encontrar asesoramiento, ayuda, acompañamiento, para los docentes, para los padres y para los niños. Es importante que nuestros chicos sepan que no están solos, que pedir ayuda no es de cobardes, sino de valientes, porque pueden ayudar a visibilizar este tipo de problemáticas y de esta forma avanzar hasta finalmente erradicarlas. 

El bullying no es problema de dos, el bullying es problema de todos.

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