Sobre el autoengaño

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Sobre el autoengaño

Por autoengaño entendemos la acción de mentirse a sí mismo. Uno podría pensar entonces ¿cómo es esto posible?. Dado que nuestro cerebro filtra de la realidad aquellos aspectos que son afines, dejando de lado los que resultan insoportables, podríamos sugerir que, de alguna manera, el autoengaño funciona como una especie de mecanismo de defensa. No obstante, en algunos casos puede llevarnos a vivir en una irrealidad totalmente desadaptativa. 

Cabe aclarar que estos mecanismos del cerebro no son conscientes. Esto significa que, si bien uno se niega a pensar racionalmente en la importancia de la evidencia que se presenta como contraria a los propios supuestos,  no lo hace voluntariamente. Esto marca la diferencia entre el autoengaño y la mentira, porque si vienen la mentira uno sabe que está diciendo algo que no es verdad, en el autoengaño nos convencemos a nosotros mismos, inconscientemente, de una realidad que es falsa. 

En algunos ámbitos esto podría ser de utilidad dado que si alguien cree su propia mentira, es más probable que los demás también lo crean, puesto que la seguridad en lo que uno dice promueve en el otro confianza y buena predisposición. Sin embargo, existe una Arista bastante menos positiva y útil que muchas veces nos acarrea problemas en nuestros vínculos personales. laborales. afectivos, etc.

Existen algunas formas de autoengaño que son más frecuentes y que responden a determinadas situaciones, por ejemplo: el convencernos de que determinada decisión es la correcta cuándo lo que, inconscientemente, buscamos es reconocer el fracaso puesto que en muchos casos el fracaso resulta intolerable.

Una de las consecuencias más negativas de este tipo de autoengaño es que cuando se convierte en un hábito o un mecanismo Hay que ser recurre frecuentemente, se van dejando de lado objetivos, metas, proyectos que presentan algún tipo de obstáculo o conflicto. Se renuncia sin más por no tolerar el fracaso, en lugar de esforzarse por conseguir su objetivo no se arriesga, no se prepara para adquirir las habilidades necesarias y continúa mintiéndose a sí mismo que es algo que no vale la pena.

Otro ejemplo de autoengaño muy común surge de esos hábitos que podemos tener y que van contra nuestros pensamientos, o nuestras creencias. Por ejemplo, fumar cuando sabemos perfectamente que nos hace mal a la salud. En estos casos el autoengaño suele tomar la forma de una afirmación “si quiero lo dejo” o bien “cuando quiera dejo de fumar“. En este caso la problemática surge porque, apoyados en esta seguridad que nos creemos, continuamos con la conducta autodestructiva.

Existe otra forma muy común de mentirse a sí mismo que se acerca bastante a la victimización. Podría pensarse que es algo así como una especie de consuelo frente a las situaciones desagradables que uno tiene que afrontar porque ubica las responsabilidades en agentes externos. Por ejemplo: la persona culpabiliza a otra y de esta manera siente lástima de sí mismo “mi primera pareja fue un fracaso y eso me ha dejado muy asustado como para comenzar de nuevo” Esta forma de autoengaño se convierte entonces en un protector del ego, aunque a largo plazo se vuelve inhabilitante puesto que, al no reconocer la responsabilidad propia en la toma de decisiones, impide crecer psicológicamente y afrontar las situaciones problemáticas de manera efectiva. Asumirnos como víctimas de la situación nos inmoviliza para poder cambiarla.

Para cerrar vamos a hablar de una forma de autoengaño que parte de la mentira consciente.  En este caso la persona dice una mentira que luego acaba creyendo, el cerebro se adapta a esta mentira y la vive como una realidad. Por momentos pareciera que la persona olvida que mintió, pero solo está bajo los efectos del autoengaño. Hay una especie de creación de un personaje, de situaciones, de historias, que no se corresponden con la realidad, y la persona lo sabe en un principio, pero luego y sostenido en el tiempo, la persona termina siendo capturada, cayendo en su propia trampa.

El poder real del autoengaño radica principalmente en que se mueve de manera silenciosa y subrepticiamente. Así, la persona no se da cuenta de que se está autoboicoteando. Nadie está exento de caer en estas formas particulares que tiene nuestra mente para jugarnos en contra. De hecho el autoengaño es más común de lo que se cree y puede incluso, llegar a convertirse en una herramienta adaptativa, como así también si no lo regulamos conscientemente, en un enemigo íntimo de esos indetectables. Por lo  tanto, para poder librarnos de él o ser capaces de identificarlo, es necesario reflexionar y llegar a conocernos profundamente.

La mejor herramienta que tenemos para poder regularnos es la reflexión. A partir de escuchar a los demás seremos capaces de evaluar nuestras propias acciones, nuestras palabras. Si somos receptivos en cuanto a la crítica y, fundamentalmente, si somos capaces de enmendar nuestros errores sin victimizarnos, ni justificarnos, vamos a lograr sustraernos de estas tendencias, habilitando el camino para el crecimiento personal.

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Benicio
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