Penélope y Ulises

Penélope y Ulises
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Penélope y Ulises

Penélope era hija de Peribea y de Icario, mientras que Ulises era natural de Ítaca, Enseguida de conocerse congeniaron y en unos meses se plantearon el unir sus vidas para siempre. El joven matrimonio decidió entonces trasladarse a vivir a Ítaca y se establecieron en los anexos de la vivienda familiar de Ulises.

Ulises buscó un lateral de la vivienda donde establecer el dormitorio para ambos con la idea de construir una cama de olivo sobre la que edificar su amor eterno por Penélope. Seleccionó uno de los olivos más antiguos, con un ancho tronco, y lo reinstaló en el recinto. Tras acondicionar el suelo terraplenando una parte y nivelando la parte opuesta, ahuecó el centro del tronco y le dio forma rectangular, alisando los laterales y adornándolos con filigranas de marfil, oro y plata. Era una cama de matrimonio profundamente arraigada en la tierra y con cimientos tan profundos que velaría siempre por el mantenimiento del profundo amor entre la pareja. De esta manera su amor y su mutua fidelidad serían incorruptibles a lo largo de los años y sobre ambos recaería la eterna protección del olivo.

Palas Ateneas, la diosa de Atenas, le había dado un arco enorme y muy difícil de armar. Se necesitaba la fuerza de un dios para poder utilizarlo, de un dios o de alguien especial, tan especial como Ulises. Además, Palas Atenea le había concedido el don a Ulises de que allá donde ponía el ojo… ponía la flecha, así que nunca fallaba. Nuestro héroe solía entretenerse cogiendo 12 hachas de doble filo, las ponía en fila y atravesaba con una flecha las arandelas.

Ulises era el más astuto de los hombres, alguien que sobresalía en el arte de engañar a los demás, y por su conocida astucia fue convocado por Agamenón para luchar en Troya. Entonces le tocó separarse de su esposa. La guerra duró diez años, y al regresar Ulises tuvo el mal tino de pelear con un cíclope, al que dejó ciego, y que resultó ser hijo de Poseidón. El Dios del Mar entonces desató su odio e impidió a toda costa que Ulises vuelva a su hogar en Ítaca durante muchos años. Por tanto el viaje de vuelta llevó otros diez años..

Y así, Ulises y Penélope pasaron veinte años sufriendo la ausencia del otro. Pero para la reina de Ítaca las cosas eran casi insostenibles, tenía que soportar los desprecios de su hijo Telémaco y el acoso de los pretendientes que invadían su casa y devoraban su comida, puesto que las costumbres de Ítaca obligaban a que la reina se casara con un pretendiente. Así que, a medida que pasaban los años, los hijos nobles de Ítaca fueron acudiendo al palacio. Penélope estaba obligada a servirles grandes banquetes y grandes festines, hasta que escogiera marido, pero ella no se quería volver casar, así que les iba dando largas y múltiples excusas.

Un día, ya harta de la insistencia en que se casase, ideó un plan. Dijo que como su suegro Laertes era muy mayor, le tejería una mortaja, y que una vez estuviera acabada la mortaja, se casaría. Penélope era muy lista; por el día tejía y por la noche destejía lo que había hecho durante el día. Ganando así tiempo para esperar el regreso de su esposo. 

Pero llevaba ya tanto tejiendo y nunca terminaba, que una esclava la espió una noche y al día siguiente la denunció a los pretendientes. Los pretendientes estaban furiosos. ¡Penélope tendría que dejarse de engaños y escoger marido! 

Finalmente Ulises arribó a las playas de Ítaca. Palas Atenea se le apareció de nuevo y le dijo que la situación en Ítaca era muy complicada, y que si alguien lo reconocía, sin duda lo mataría. Entonces lo transformó en un mendigo, y fueron al palacio real. Ulises entró en el Salón del trono. Los pretendientes exigieron a Penélope que escogiera marido. La mujer de Ulises no tenía escapatoria… Entonces recordó el arco y dijo que se casaría con aquel que fuera capaz de armar el arco de Ulises y atravesar las doce hachas.

Los pretendientes lo intentaron sucesivamente… Todo inútil… En ese momento el viejo mendigo (Ulises) levantó la mano y pidió permiso para intentarlo. Todos los allí reunidos se rieron de él, excepto Penélope, que dijo que también tenía derecho a intentarlo.

El viejo mendigo tomó el arco, y mientras lo armaba, Palas Atenea lo transformó en su ser real, y ya siendo Ulises tiró la flecha y atravesó las doce hachas.

Un grito de horror salió de la boca de sus enemigos. Estaban encerrados en la Sala del Trono. Telémaco había cerrado las puertas y no podían salir. Ellos estaban desarmados, y Ulises tenía su arco mortal, Ulises, que allá donde ponía el ojo hacía diana. Todos los pretendientes murieron, y el suelo del salón del trono se llenó de cadáveres. Todo era un mar de sangre. Pero Ulises pudo reinar finalmente en Ítaca, con su mujer Penélope y su hijo Telémaco.

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