El agua del cuenco, de Benicio de Seeonee
Suki vivía convencido de que el control absoluto era la única garantía de seguridad. Hasta que un monje viajero le enseñó, con un simple cuenco en el arroyo, que la prisa vacía y la calma llena. En el silencio aprendió que aquietarse no es rendirse, sino actuar con precisión.










