Llama a mi puerta
Encontré por ahí unas líneas que quiero compartir con nuestros lectores porque me hicieron pensar en mis padres ancianos y motivaron este escrito. La idea traerles esto es, principalmente, para concientizar respecto de nuestros mayores, y de la importancia que tiene para ellos el contar con una red social real, cercana y sólida.
Tarifa por llamar a mi puerta
En una de las casas donde entrego periódicos, el buzón apareció bloqueado una mañana, así que llamé a la puerta. El señor David, un hombre mayor de paso vacilante, abrió lentamente la puerta.
– Buenos días Señor! Llamé a la puerta porque está bloqueado su buzón – Le dije
– Lo bloqueé a propósito – Respondió el anciano. Luego, supongo que al ver la sorpresa en mi rostro sonrió y continuó – Quiero que me entregues el periódico todos los días… Por favor, toca la puerta o toca el timbre y entrégalo en persona. – Me quedé perplejo y respondí
– Claro, no tengo problema, pero ¿ no parece un inconveniente para ambos y una pérdida de tiempo? – el hombre asintió en silencio
– Está bien… – dijo – Te pagaré más cada mes como “tarifa por llamar a la puerta”. – No supe qué responder – Si alguna vez llega el día en que llamas a la puerta y no encuentras respuesta, ¡llama a la policía!. – añadió con expresión suplicante. Me sorprendí y pregunté
– ¿Por qué señor?
– Mi esposa falleció, mi hijo está en el extranjero y yo vivo aquí solo, ¿quién sabe cuándo llegará mi hora? – respondió él. En ese momento, vi los ojos húmedos y nublados del anciano. Dijo además: – Nunca leo el periódico… Me suscribo solo para escuchar el sonido de los golpes o el timbre de la puerta; para ver una cara familiar e intercambiar algunas bromas. – Juntó las manos y dijo – Joven, ¡hazme un favor! Aquí tienes el número de teléfono de mi hijo en el extranjero. Si un día llamas a la puerta y no contesto, llama a mi hijo para informarle…
Al leerlo, pensé varias cosas: por un lado que no es extraño, tristemente, tomar conocimiento de adultos mayores que han sido de alguna manera abandonados por sus familias. Pero luego comprendí que no solo nuestros mayores pueden atravesar por la soledad y el abandono. Con frecuencia, no nos damos cuenta que las personas que tenemos muy cerca, son, quizás, las que más afectadas están por la soledad y el abandono. Por otro lado, pensé también, en lo fuerte que es el que el anciano haya tenido que suscribirse al periódico, solo para tener contacto con alguien. Resulta increíble que en el mundo de las comunicaciones, en la era de la tecnología, haya gente aún que no tiene a quién recurrir.
Es cierto que el mundo actual cobra por momentos una velocidad que a muchos de nosotros nos cuesta seguir, pues para nuestros mayores, que van a otro ritmo, es mucho más complejo. Escucharlos, visitarlos, acompañarlos, siempre nos va a llevar más tiempo del que pensábamos dedicarles. Esta es una de las razones por las cuales procrastinamos las visitas a los abuelos o nuestros padres ancianos, dejándolas para más adelante. Sucede que tendemos a pensar que tenemos mucho tiempo para ir a verlos, pero no nos detenemos a pensar en que ellos tienen otros tiempos.
Por esto, me pareció muy importante resaltar la necesidad de asegurarnos de que nuestros seres queridos, en particular nuestros mayores, cuenten con una red social cercana y sólida que los sostenga. Cuando las cuestiones de la vida llevan a que los hijos tomen rumbos diferentes que los conducen a nuevos horizontes -como debe ser- la familia de origen queda detrás. En estos casos suele ser conveniente promover entre los vecinos y allegados de nuestros padres y abuelos, un canal de comunicación permanente.
Muchos ancianos manifiestan la sensación de soledad precisamente porque no cuentan con alguien a quien recurrir en momentos críticos. Esto puede generarles ansiedad, miedo, inseguridad, que por supuesto más allá de lo mucho que pueda afectarlos anímicamente, puede incluso ir en detrimento de su salud.
Como decíamos antes, estamos en la era de las comunicaciones por lo que estas distancias podrían acortarse evitando todas esas vivencias negativas en nuestros mayores, si tan solo les enseñáramos a comunicarse de distintas maneras. WhatsApp, por ejemplo, es uno de los medios más importantes y necesarios que deben conocer, y saber utilizar. Es una herramienta de comunicación no solo con la familia, sino también ante una eventual emergencia. Otra de las medidas que deberíamos tomar es la de informarnos acerca de los números de emergencia de la zona de residencia de nuestros mayores. Una vez que aprenden a usar el teléfono celular, saber que tienen a un click los números de emergencias, así como indicarles a dónde recurrir en cada momento, es de vital importancia para que ellos tengan la plena seguridad de que no están solos.

Claro que esto de enseñarles a usar el celular puede generar ciertas situaciones, a veces no deseadas, a veces muy graciosas, que nos demandarán un cierto nivel de paciencia y tolerancia. Es aquí donde más tenemos que sostenerlos nosotros. Nuestros padres, abuelos, tíos, cuando viven solos, pueden llegar a enviar demasiados mensajes, marcar en momentos inoportunos sin quererlo, incluso equivocar los chats. Pero tenemos que saber que en ese momento nuestra respuesta, para ellos, es sumamente importante.
Puede pasar que los mensajes que envían sean reiterativos, nos cuentan algo que ya nos contaron antes, quizás solo era una excusa para comunicarse con nosotros y, otra vez, nuestra respuesta siempre es importante para ellos. Para nosotros, esos mensajes que a veces nos resultan molestos, demasiado inoportunos, o hasta agobiantes, son el indicador de que ellos están bien. El día en que no los recibamos sabremos que algo pasó, y sí hicimos bien nuestra tarea, podremos activar esa red social de sostén que los atienda hasta que nosotros podamos llegar.
Mientras la distancia física está instalada, es necesario acortar la distancia afectiva mediante las diversas herramientas comunicacionales de que disponemos actualmente. Hoy en día la tecnología nos ayudará con eso, por lo menos hasta que llegue el momento que podamos tocar a su puerta.
Intentemos que ese día no se demore demasiado, no nos olvidemos de que nuestro tiempo no es igual al tiempo de ellos, y tal vez mañana pueda ser tarde.

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