La roca y el perdón
Cuentan que un día Buda estaba sentado en la ladera de una montaña, meditando y contemplando con serenidad el paisaje. Un primo suyo, llamado Devadatta, se acercaba por el camino.
Durante años, Devadatta envidió a Buda. Verlo rodeado de discípulos, amado y respetado, lo llenaba de resentimiento. Ese día, al verlo tan contemplativo, sintió que era el momento de hacer algo. Subió hasta lo más alto de la montaña y lanzó desde allí una enorme roca confiando en que con eso lo mataría.
Mientras la roca caía, el joven se llenó de una satisfacción que hacía mucho tiempo no sentía. Pero la piedra cayó cerca, sin alcanzar su objetivo. Buda no se movió. Miró la roca, cerró los ojos y siguió meditando.
Devadatta se sintió horrorizado por lo que acababa de hacer. Huyó y se escondió. Pasaron los días. La culpa empezó a corroerlo. No podía dormir, no podía comer. ¿Qué había hecho? ¿Qué clase de hombre era? ¿Qué había logrado con su odio? Se avergonzaba de sí mismo.
Una mañana, tomó coraje y se dirigió al encuentro con su primo. Caminaba lento. Débil. Pesado. Su primo estaba como siempre, contemplando la belleza que lo rodeaba. Devadatta se presentó ante Buda, tembloroso.
—Maestro —dijo—, vengo a pedirte perdón. No puedo seguir viviendo con esta piedra en el alma.
Buda lo miró con calma.
—Entonces suéltala —dijo—. Ya no tiene sentido cargar con ella.
Devadatta cayó de rodillas, y por primera vez en años, lloró.
Relato espiritual de inspiración budista
Autor anónimo
Moraleja: La culpa y el rencor son rocas pesadas que llevamos en el alma. Pedir perdón a tiempo y perdonar, es una forma de liberarnos. Porque, como dice el Maestro, no tiene sentido cargar con ella.

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