La leyenda de la Madre de Agua

La leyenda de la Madre de Agua
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La leyenda de la Madre de Agua

Leyenda colombiana

Cuenta la leyenda que en épocas de conquista los españoles descubrieron una próspera región de la costa pacífica, dotada de tesoros y en la que vivían enormes comunidades negras e indígenas.

Tumaco era un hombre fornido y buen mozo. Era fuerte y sus brazos eran de gran tamaño. Tenía grandes ojos esmeralda y una deslumbrante sonrisa. Éste tenía bajo su cargo la protección y liderazgo de uno de los pueblos azotados por los españoles.

Con la llegada del barco español, en el pueblo de Tumaco, se propició una larga guerra, en la que las armas de fuego tomaron el poder y los negros sumisos y muertos de miedo tuvieron que ceder sus tierras y tesoros. Pero encontrarlos no era nada fácil, solo Tumaco sabía cómo llegar, y no estaba dispuesto a revelarlo.

Así, fue que Tumaco terminó sometido a una larga golpiza, que pronto lo llevaría a la muerte, pero algo milagroso sucedió. Una hermosa joven, hija de un capitán del ejército español, cayó perdidamente enamorada de la apariencia de Tumaco. Por lo que le rogó a su padre por la vida de su enamorado.

El capitán no se pudo resistir ante la súplica de esos ojos color cristal que reflejan el mismo mar y las estrellas, entonces decidió liberarlo. Tumaco tiempo después buscó a aquella jovencita que le salvó la vida, pero nunca logró encontrarla.

Un día, por casualidad, coincidieron a la orilla del mar, donde pactaron sus encuentros, que cada vez fueron más y más. Pero como era de esperar, el padre de la jovencita no permitiría dicha relación. Así que cansados de la persecución, decidieron huir lejos del soberbio capitán.

Huyeron cruzando el río y llegaron al bohío de un amigo de Tumaco, quien los acogió cordialmente. Pasaron los meses y Tumaco junto con su bella mujer construyeron un hogar amoroso que con la llegada del primogénito se llenó de infinita felicidad. Sin embargo, una vecina llena de envidia, escuchó del secreto y corriendo sin pensarlo, salió a contarle al capitán el paradero de su hija. 

El capitán, cegado por la ira, reunió un pequeño pelotón de soldados y marchó hacia el nido de amor de su hija y Tumaco. Al llegar al hogar, el capitán arrebató al niño de los brazos de su madre y mandó que los soldados detuvieran a la joven y a Tumaco. Luego, miró al niño y con un grito de desprecio y odio dijo:

“Tendrás que morir, tú jamás serás parte de mi linaje, no mancharas mi nobleza, no perteneces a mi estirpe y aunque seas hijo de las entrañas de mi despreciable hija, no podrás existir”

Furioso entregó el pequeño a un soldado que lo arrojó al mar sin piedad. Los padres del pequeño agonizando del dolor y la desesperación hicieron esfuerzos sobrehumanos para liberarse y saltar al mar en su rescate, pero fue imposible. 

A Tumaco lo decapitaron, y la joven española, condenada al exilio, enloqueció y un día entre alucinaciones se lanzó al mar al ver un espejismo de su hijo, pero solo fue eso, una ilusión. La joven mujer murió ahogada y su cuerpo nunca fue encontrado. 

Cuenta la leyenda que en las profundidades del mar, la majestuosa mujer sigue buscando a su hijo cada noche. Ella es un alma atormentada, que sigue divagando entre mares colombianos en búsqueda del fruto de su vientre, producto de su eterno amor.

Por eso, cuando la Madre de Agua (llamada así por los lugareños) entra en desespero sale a flote e iracunda de ira hace retumbar la marea causando muertes sin piedad.

Fuente

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