La leyenda de la Flor del Irupé

La leyenda de la Flor del Irupé

La leyenda de la Flor del Irupé

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En el Litoral argentino existe una flor que se llama la flor del Irupé. Es una hermosa corona de pétalos blancos que mira al cielo rodeada por platos verdes que flotan en el agua y que pueden llegar a ser enormes. Esta hermosa flor tiene, en el pueblo guaraní, una bella leyenda que nos cuenta cómo fue que apareció embelleciendo el paisaje mesopotámico.

La leyenda cuenta que Irupé era una joven guaraní que vivía enamorada de la luna. Tan fascinada estaba con la reina de la noche, que aguardaba con ansias el ocaso para poder encontrarse con su amor. Pero aun en medio de la felicidad que le provocaba el encuentro,  no podía soportar que estuviera tan lejos.

Un día se fue de su aldea decidida a llegar a su amor a como dé lugar. Intentó alcanzar la luna al salir. Entonces llegada la hora fue hacia ella corriendo por el campo pero no hubo caso. A medida que ella corría hacia la luna, la luna se iba elevando sobre ella. Luego intentó alcanzarla cuando se ponía en el mar, remó y remó hasta la luna. Pero cuanto más se acercaba, la luna se iba ocultando bajo el agua. Cuando ya no la vio en el cielo, saltó de la canoa al agua, pero tampoco allí podía verla. Finalmente decidió subir la montaña más alta para alcanzarla cuando estuviera en lo alto. Pero no. No llegó.

Muy triste y cansada, con los pies heridos por tanto caminar, correr y escalar la montaña, regresó a su aldea y en el lago se lavó y limpió sus heridas. Y ahí, junto a su reflejo, frente a ella, en el agua vio a su amor tan cerca de ella que podría morir de felicidad. La luna estaba en el agua. Ahí nomás. Emocionada y sin dudar se arrojó a los brazos de su amor y se hundió lentamente en el agua.

Al otro día, el lago estaba lleno de extraños discos verdes con una hermosa flor blanca en medio. Y como nadie supo nada más sobre Irupé, entendieron que Tupá, el dios de los guaraníes le había concedido el poder estar para siempre con su amor, acurrucada a su lado (cerrada junto a su reflejo en las noches) y mirando al cielo esperando su llegada durante el día.

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