La Hora

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La Hora

Estás frente a mí y, aún si tengo muy claro que se acerca la hora de irme y que más tarde tengo que trabajar, todo mi cuerpo quiere permanecer entre tus brazos, entre tus piernas, entre tus labios.

Cambiaste el tema, me doy cuenta que te esfuerzas por no provocarme. Y no es necesario que lo hagas. En el instante en que tú y yo nos enlazamos en este sentimiento, ya nada importa… todo me provoca, todo me resulta sexy… todo de ti me enloquece. 

Pero en tus gestos puedo ver que me estás sintiendo, que sientes mi deseo ejerciendo presión contra ti, mis ganas de ti, de quedarme, de amarte… Si, amor… lo estás sintiendo, porque aún contra mi voluntad, mi cadera se mueve contra ti muy suavemente. Y el brillo de tu mirada me dice que lo disfrutas tanto como yo. 

Puedo sentirte tan intensamente, que apenas soy capaz de controlarme. Siento tu aliento sobre mi rostro, tus labios entre los míos, en un beso dulce que me llena de ternura. Tus dedos, que se mueven suavemente entre mi cabello, con una leve presión qué me invita a perderme en tu boca. Puedo sentirte… en cada parte de mí. Tu respiración elevando tu pecho contra el mío calcando sus formas en mi piel; tus muslos tibios apretando mi cintura, tu cuerpo… ese calor que emana tu cuerpo, despertando al mío sin miramientos…

Y el reloj, que no se detiene. 

El tiempo que hoy no nos acompaña.

O tal vez, será que somos nosotros, que nos olvidamos del tiempo… 

O quizás, nuestras sensaciones, que no entienden nada del tiempo, y nacen más allá del tiempo y el espacio.

O… simplemente es que en este instante el mundo se reduce a los límites de nuestra cama. Sí, seguramente es que en este instante, lo único que tú y yo podemos pensar es en lo que podemos hacer en nuestro mundo. 

Esta forma de mirarnos, de conectarnos, en la que nos vemos con cada parte de nosotros mismos, y nos tocamos con el alma, va más allá de todo. Traspasa los límites de la razón, de la cordura, de la realidad, de la ropa, de la mente…

Y es que aún si no lo estoy diciendo, aún si escucho lo que me estás diciendo, mi mano desea colarse por debajo de tu vestido, alcanzar tu ropa interior, escabullirse debajo y recorrerte. Tocarte. Para luego enredarla en mis dedos y deslizarla hacia tus pies… rápidamente. 

Si.

Sin dilación.

Y no es por el tiempo.

Mi urgencia está dentro de mi.

Entonces, cuando ya estés libre, y con tu cuerpo apenas asomando bajo la tela de tu vestido, mirarte a los ojos mientras me inclino hacia ti, perdiéndome entre tus muslos. Mientras mis manos suben por tu cadera desnuda, hacia tu cintura, mi lengua se desliza firmemente entre tus labios, hasta llegar a tu pubis. 

Arrastrar el vestido más arriba descubriendo tu abdomen, y lo arrasarlo también con mis labios, dejando que mi lengua caiga en tu ombligo. Puedo imaginarte en medio de ese suspiro tuyo cuando arqueas tu espalda… ¿Tienes idea de como disfruto tus sonidos y tus movimientos? Me vuelves tan loco preciosa. 

Entonces… ya sobre ti, descubrir tus pechos y quitarte el vestido, descubriéndote para mi. Mis manos amasando tus senos, mientras mi boca juguetea con tus pezones… y en ese preciso instante en que succiono tus pezones… penetrarte lenta y profundamente… una y otra vez…

Sí… es que amor… aún si presto atención a todo lo que me dices… mi cuerpo en este instante se ha olvidado de la hora. Y mi mente sucumbe al caudal de sensaciones que me provocas.

En este mundo, nuestra cama, no hay tiempo mi vida… y en este momento en que todo indica que debo ir a trabajar, solo deseo quedarme en tus brazos, y solo muero de ganas de hacerte el amor…

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Benicio
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