Historia de Ala Al-Din y el bandolero arrepentido

Historia de Ala Al-Din y el bandolero arrepentido
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Historia de Ala Al-Din y el bandolero arrepentido.

Este es uno de los cuentos 
de Las mil y una Noches 

Se refiere que Ala al-Din, valí de Qus, estaba cierta noche sentado en su casa cuando compareció una persona de hermosa figura y de aspecto respetable. Llegaba, ya entrada la noche, acompañado por un criado que transportaba una caja encima de la cabeza. Al estar en la puerta dijo a uno de los pajes del Emir:

– Entra e informa al señor de que deseo hablar con él de algo secreto. – El muchacho entró y le informó. El valí ordenó que le hiciesen entrar. El Emir, al ver delante a una persona respetable y de buen aspecto, la hizo sentar a su lado y la trató con deferencia. Le preguntó: 

– ¿Qué te ocurre? – Le dijo: 

– Soy un bandolero dispuesto a arrepentirse y a volver al lado de Dios (¡ensalzado sea!) por tu mediación. Deseo que me ayudes a conseguirlo, ya que me he puesto bajo tu jurisdicción y bajo tu protección. Tengo esta caja que contiene objetos por un importe de casi cuarenta mil dinares. Tú eres la persona más digna de poseerla. Dame de tus bienes, conseguidos lícitamente, mil dinares para que me sirvan de capital y me ayuden a cambiar de vida, pues ellos me disuadirán de volver a pecar. ¡Dios (¡ensalzado sea!) te lo pagará! – A continuación abrió la caja para enseñar al valí su contenido: había en ella objetos de orfebrería, metales preciosos, anillos y perlas. El gobernador se quedó estupefacto al verlo, se alegró muchísimo y llamó a su tesorero al que dijo, 

– ¡Tráeme tal bolsa! – Ésta contenía mil dinares. El tesorero le dio la bolsa y él se la entregó al visitante quien, al cogerla, le dio las gracias por su buena acción y en seguida se marchó a sus quehaceres en medio de las tinieblas de la noche.

Al llegar el día el valí mandó llamar al jefe de los orfebres y le mostró los objetos que contenía. El perito dictaminó que todo aquello era de estaño y de cobre y que las gemas, los anillos y las perlas eran de vidrio. El valí se apesadumbró muchísimo e hizo buscar al estafador, pero nadie pudo darle alcance.

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