EL REY Y LA MUJER VIRTUOSA – Las mil y una noches

EL REY Y LA MUJER VIRTUOSA – Las mil y una noches
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EL REY Y LA MUJER VIRTUOSA

extraido del libro
Las mil y una Noches 

Se cuenta que un rey salió disfrazado para observar qué era lo que hacían sus súbditos. Llegó a una gran alquería y entró solo en ella. Tenía mucha sed y se paró ante la puerta de una de las casas que componían el cortejo y pidió agua. 

Una mujer hermosa salió con un bocal y se lo entregó. El rey bebió. Al examinar a la mujer se prendó de ella y la solicitó. La mujer, que le había reconocido, le hizo entrar en su casa y sentarse. Le sacó un libro y le dijo: 

– Mira este libro mientras yo arreglo mis cosas. Vuelvo enseguida. 

El rey se sentó a examinarlo: contenía admoniciones contra el adulterio y trataba de los castigos con que Dios había amenazado a quienes lo cometieran. Al rey se le puso la carne de gallina, se arrepintió ante Dios, llamó a la mujer, le devolvió el libro y se fue. 

El marido de la mujer estaba ausente. Cuando regresó le explicó lo ocurrido. El hombre se quedó perplejo y se dijo: «Temo que el deseo del rey haya caído en ella» y desde aquel momento no se atrevió a tener más relaciones con ella. 

Así transcurrió un tiempo. La mujer contó a sus parientes lo que le sucedía con su marido y éstos lo pusieron en conocimiento del rey. Cuando estuvieron ante éste le dijeron: 

– ¡Dios conceda poder al rey! Este hombre ha tomado en arriendo una tierra nuestra para cultivarla. Lo ha hecho durante algún tiempo, pero después la ha dejado sin labrar; sin embargo no la devuelve para que nosotros podamos arrendarla a quien la trabaje a pesar de que él no la cultiva. La tierra, así, se estropea y nosotros tememos que se descomponga a causa de la falta de cuidado: cuando la tierra no se siembra, degenera – El rey preguntó:

– ¿Qué es lo que te impide sembrar tu campo?

– ¡Dios conceda poder al rey! – contestó el marido –. Me he enterado de que el león ha entrado en mi tierra; yo le temo y no me atrevo a acercarme, pues sé que carezco de fuerza para resistir al león. 

El rey comprendió de lo que se trataba y le dijo: 

– ¡Oh, tú! El león no ha pisado jamás tu tierra; es una tierra buena para ser sembrada: cultívala con la bendición de Dios, pues el león no le hará ningún daño

El rey mandó dar a los esposos un magnífico regalo y los despidió.

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Benicio
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