El Profeta y la Justicia Divina |Las mil y una noches

El Profeta y la Justicia Divina |Las mil y una noches

EL PROFETA Y LA JUSTICIA DIVINA

Extraído del libro
Las mil y una Noches

Se cuenta que un Profeta se había retirado a un monte elevado; a sus pies brotaba el agua de una fuente. Pasaba el día sentado en la cima del monte, en un lugar en que no podía verle la gente, rezando a Dios (¡ensalzado sea!) y observando a las personas que acudían allá. 

Cierto día, mientras estaba sentado contemplando la fuente, vio llegar a un caballero que descabalgó de su corcel, se quitó un saco que llevaba al cuello, descansó y bebió agua; después se marchó dejando abandonado allí el saco que contenía monedas de oro. Apareció otro hombre que se dirigía a la fuente: cogió el saco de dinero, bebió agua y se marchó sin contratiempo. Más tarde apareció un leñador llevando un hato muy pesado de leña a sus espaldas. Se sentó junto a la fuente y bebió agua. Entonces regresó el caballero que antes había estado allí, muy nervioso, y preguntó al leñador: 

—¿Dónde está la bolsa que dejé aquí?

—No tengo idea.

El caballero desenvainó la espada y de un golpe mató al leñador. Registró sus vestidos, no encontró nada, lo abandonó allí y continuó su camino. El Profeta exclamó:

—¡Señor mío! ¡Uno roba mil dinares y otro asesina impunemente!

Dios le reveló: 

—Preocúpate de tus oraciones, pues el gobierno del Universo no te incumbe. Sabe que el padre de ese caballero había distraído mil monedas de oro del haber del padre del hombre que se las ha robado. He dado al hijo el dinero que pertenecía al padre. Por su parte, el leñador había asesinado al padre de este caballero y por ello el hijo ha aplicado la ley del talión. 

Aquel Profeta exclamó: 

—¡No hay más Dios que Tú, ensalzado seas! ¡Tú conoces lo desconocido!

El Profeta vio lo que podía verse con la vista y empezó a preguntar por lo sucedido. Sus ojos habían visto lo que no habían comprendido.

¡Siervo nuestro! Deja de pensar en esto, 
pues nosotros hemos metido en las criaturas 
secretos que escapan a la agudeza de la vista.
Acepta nuestras decisiones y humíllate ante nuestro poder, 
pues nuestra omnipotencia actúa para el bien y para el mal.




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