El mito de Tauro

<strong>El mito de Tauro</strong>

El mito de Tauro

Europa era una princesa fenicia, hija del rey Agenor. Zeus, el dios de los dioses, la vio por primera vez un día mientras la joven jugaba con sus amigas en una playa y rápidamente quedó prendado de ella. 

Desesperado por acercarse a la joven, y a sabiendas de que ella no lo permitiría, el soberano ideó un plan con el que evitaría el rechazo. Se convirtió en un toro blanco enorme, con grandes cuernos y, en medio del susto y la conmoción que provocó en la muchacha, se postró a sus pies.

Europa, luego de la primera impresión, se sintió más confiada. Poco a poco se fue acercando cada vez más al toro, hasta que un día fue capaz de acariciar su lomo. Zeus estaba obsesionado con la joven. Cuando ella, por fin, logró montarse sobre su espalda, estando el animal recostado en la playa, Zeus supo que era su oportunidad. Se puso en pie y comenzó a correr sobre las aguas a una gran velocidad. Europa estaba aterrada, sólo podía sujetarse, asiéndose de los cuernos del animal, para no caer al mar. Mientras era alejada de su reino, no dejaba de gritar con todas sus fuerzas. Tanto corrió el toro, que llegó hasta Creta y mientras tanto la familia y amigos de Europa salieron a su búsqueda por orden de su padre, pero no dieron con ella.

Finalmente, en Gortina, Zeus retoma su forma y logra acercarse a la doncella sin ser rechazado. Se une con Europa cerca de una fuente rodeada de unos plátanos que, bendecidos por haber presenciado el divino acto de amor, nunca más volvieron a perder sus hojas.

De esta unión nacieron tres hijos: Minos, Sarpedón y Radamantis. Pero Zeus, el dios de los dioses, no podía permanecer con su bella Europa. Entonces, para de alguna manera, recompensarla le dió tres regalos. El primero es Talo el autómata, que era de bronce y cuidaba las costas de Creta contra los desembarcos extranjeros. El otro fue un perro que nunca fallaba en la cacería y siempre lograba atrapar a sus presas. Por último, le entregó una sorprendente jabalina que siempre y sin excepción acertaba en el blanco elegido.

En un acto de amor, para evitar que Europa quedara sola cuando él regrese al Olimpo, el soberano permitió que ella se casara con Asterión, el rey de Creta, que si bien no tenía hijos propios, trató como un padre, educó y nombró como herederos a los hijos que su mujer había tenido con Zeus

Cuando Europa murió le fueron concedidos los honores divinos y el toro que había sido la forma en que Zeus se había acercado a su amada Europa, fue convertido en constelación e incluido en los signos del zodíaco.

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Benicio
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