El mito de la creación de la luna
En los primeros días del mundo, cuando la Tierra aún era joven y los dioses se encontraban en su esplendor, existía un reino sin igual, lleno de luz y vida. Sin embargo, en las noches, el cielo permanecía oscuro, y la oscuridad se extendía sobre el mundo como un manto pesado. Los dioses, que vivían en la cima del monte Olimpo, observaban este vacío con tristeza, pues sabían que sin luz en la noche, el mundo nunca podría hallar equilibrio.
En este tiempo, existía una diosa llamada Selene, quien era conocida por su extraordinaria belleza. Su rostro, radiante como el sol, iluminaba la oscuridad del amanecer y el atardecer. Era hija de los titanes Hiperión y Tea, y estaba destinada a ser la diosa de la luna. Sin embargo, aunque su resplandor era puro y luminoso, Selene deseaba más. Anhelaba que la noche tuviera una luz que no fuera solo efímera, sino constante, algo que la humanidad pudiera ver y seguir cada vez que caía el sol.
Un día, al ver que el cielo permanecía en sombras durante las noches interminables, Selene subió a la cumbre del Olimpo para hablar con Zeus, el rey de los dioses. Le pidió que trajera consigo una luz para el reino de la noche, que así los mortales pudieran encontrar su camino y las estrellas pudieran cantar en su descanso.
Zeus, viendo la sinceridad y el brillo de su corazón, accedió a su petición, pero con una condición:
—Si deseas ser la luz de la noche, deberás caminar por los cielos sin descanso, iluminando a la Tierra con tu fulgor. Solo entonces, podrás ser la luna eterna.
Selene aceptó el desafío sin dudar. En ese mismo instante, Zeus la transformó en una esfera plateada de luz pura y la colocó en el cielo. Desde entonces, cada noche, Selene viaja por los cielos montada en su carro, tirado por dos caballos blancos como la nieve. Su luz suave y plateada baña la Tierra, ofreciendo a los mortales la calma que la oscuridad les negaba.
Pero Selene no estuvo sola en su viaje. En sus travesías, encontró a Endimión, un joven pastor de extraordinaria belleza que vivía en las colinas. En cuanto lo vio, su corazón latió con fuerza, pues su alma se sintió atraída por la dulzura de su mirada. Endimión, con su vida sencilla y su serenidad, despertó en Selene un amor inmenso. Cada noche, mientras viajaba por el cielo, Selene miraba al joven durmiendo, enamorada de su paz. Pero su amor no podía ser cumplido, pues Endimión era mortal y la diosa inmortal. Así que, con su poder, Selene pidió a Zeus que concediera a Endimión un sueño eterno, un sueño profundo que lo mantuviera joven y bello para siempre.
Zeus, movido por el amor de Selene, le concedió el deseo, y así, Endimión quedó en un sueño sin fin bajo la mirada constante de la diosa. Desde entonces, cada noche, Selene ilumina los cielos con la luz de la luna, mientras su corazón sigue guiado por el amor inalcanzable de su amado.
Y así, la luna se convirtió en la guardiana de las noches, un reflejo del amor eterno y la serenidad, mientras las estrellas cantan en silencio su canción de la creación.

- El cuenco agitado - mayo 15, 2026
- Entre dos mundos - mayo 14, 2026
- Burnout y Depresión - mayo 13, 2026

