El mito de Capricornio

El mito de Capricornio
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El mito de Capricornio

Cuando Zeus nació Rea, su madre, lo salvó de ser devorado por su padre, Cronos, que devoraba a sus hijos. La diosa lo llevó al monte Ida en la Isla de Creta, y allí lo dejó al cuidado de la ninfa Amaltea en quien Rea confió para que lo protegiese. 

Esta mitológica criatura mitad cabra, mitad pez, cuidó y alimentó a Zeus cuando éste era pequeño, tenía admirables cuernos que le crecían y derramaban néctares como miel de abeja y leche de cabra, la bebida y la comida de los dioses. Colgó la cuna de Zeus de un árbol para que su padre no percibiese sus ruidos “ni en el cielo, ni en la tierra ni en el mar” y junto a otras ninfas y faunos, cantaban melodías muy sonoras para que no se oyeran sus llantos.

Así fue como Amaltea se encargó de cuidar a Zeus durante toda su infancia. Pero un día en que Zeus se encontraba jugando con la cabra mientras ésta lo alimentaba, sin querer quebró un cuerno del animal, y para que no se molestara con él, el pequeño dios lo llenó milagrosamente de muchos frutos y se lo entregó, diciéndole que tendría toda la abundancia que Amaltea quisiera. Este artefacto, luego sería conocido como el Cuerno de la Abundancia o Cornucopia, y se convertiría en un verdadero símbolo de riquezas que jamás se acababan y abundancia increíble, siendo atributo de varias divinidades.

Cuenta la leyenda que, al morir Amaltea, siendo Zeus ya un dios adulto y fuerte,  utiliza su piel para convertirla en una capa protectora, la que por cierto usaría durante mucho tiempo, como una fuente poderosa de protección para así poder derrotar a su padre Cronos. También la usó en la guerra de los Titanes. Y, en reconocimiento a ésta como la cabra quien lo alimentó y quien lo mantuvo a salvo durante mucho tiempo, Zeus la honró colocándola en el cielo, entre las estrellas, como la constelación de Capricornio.

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Benicio
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